Tienen los grandes poetas la bella suerte de morir y renacer más tarde o más temprano. Es una dote divina este acontecimiento que no solo salva al poeta, sino también a aquellos que jamás han podido escribir un verso.
Federico García Lorca es de esas criaturas, Cuando en la madrugada del 18 de agosto de 1936, sobre las cuatro y treinta, fue sacado al campo por los franquistas y fusilado sin misericordia, o obstante ya ser para ese tiempo, una de las voces líricas y teatrales más altas de toda la historia de España y de nuestra lengua.
Esta verdad conmovedora fue recordada en el Encuentro de Escritores El crimen fue en Granada, organizado por la Dirección Municipal de Cultura en Caimito, y con el papel protagónico de los más importantes escritores de este municipio.
Lorca con su Poema sonámbulo y su extraordinario drama La casa de Bernarda Alba irrumpió en nuestras vidas en los ya distantes tiempos de preuniversitario. Fue un soplo breve, pero que dejaría en muchos de nosotros el misterio de un genio capaz de aplastar para siempre y en una sola noche con su Bodas de sangre a los mismísimos José Echagaray y Jacinto Benavente, ganadores del codiciado Premio Nobel de Literatura.
Adentrarse en la vida apasionante de este hombre carismático, amable, cautivador y brillante resultó uno de los más grandes regalos que nos hizo el universo de las letras.
Si bien creadores de la talla del cineasta Luis Buñuel y el escritor Jorge Luis Borges no sintieron demasiada simpatía por su obra, millones de lectores y escritores lo han considerado un imprescindible, una criatura que con su palabra, en verso o en prosa, troco en oro maravilloso los entuertos del corazón, la maternidad, la sexualidad, la vida social,las costumbres de una España hermosa y a la vez retardataria.
Sobre la presencia de Lorca en Caimito han escrito ampliamente la doctora Caridad Masson Sena y la Máster en Ciencias Midalys Blanco. La visita del poeta, en 1930, duro muy breve tiempo, pero resultó suficiente para que una pared de color rosado en el parque del casco urbano lo inspirara escribir su poema Cielo vivo, atesorado en Caimito como si se tratara de la más fina y cara de todas las joyas.
La muerte de Lorca ha quedado como otro ejemplo siniestro de la barbarie humana, destinada a extinguir cuanto símbolo cultural encuentren a su paso.
Pero ha quedado, por suerte, también como ejemplo de que, por mucha que sea la crueldad humana, la poesía está destinada a vivir hasta el fin de los siglos.
«Que todos sepan que no he muerto», dijo el poeta granadino. Y tal vez dijo una mejor: «No saben que para que yo muera tendría que morir Granada entera». Y así fue y seguirá siendo. Los fascistas pasan; los poetas y la poesía son eternos.



