De dos queridos periodistas, Orlando Ruiz y José León, además del puesto de editor de la página cultural del extinto periódico el habanero, heredé la dirección del suplemento Tertulia Habanera.
Este suplemento estaba destinado a promover la obra de un sinnúmero de artistas y escritores de los 19 municipios de la provincia de La Habana, fueran miembros o no de la Uneac.
Cualquier creador valioso podía merecer espacio en alguna de las cuatro páginas del suplemento TH; pero llenar cuatro páginas de texto e ilustraciones no era tarea fácil, aunque bien me ayudaban en el empeño los más variopintos periodistas, escritores, ilustradores, caricaturistas, críticos de arte, poetas, dramaturgos…de la provincia habanera y de más allá de su geografía.
Muchos deseaban estar presentes en la publicación, y de hecho estuvieron en diversas ocasiones, y algunos prometían colaborar para darle visión a sus proyectos, pues no todos sentían que contaban con el espacio suficiente en TH.
Protestaban. Esa era la palabra. Y me parecía excelente que lo hicieran. Entonces yo decidía abrirles el espacio que tanto deseaban y me sentaba a esperar por los trabajos que debían enviarme. Inútil espera. Esperaba yo largamente; pero la prensa no suele esperar.
Ya con el agua al cuello y con Andrés Hernández Rivero (Macho), director de el habanero, preguntándome una y otra vez por los trabajos para la Tertulia, decidía no esperar un segundo más y corría a echar mano a quienes tantas veces salvaron la salida de la Tertulia: los artistas y escritores de Bauta.
Mi voz de auxilio era muy clara: «estoy contra la pared, y no me queda tiempo apenas para armar la Tertulia, necesito ayuda urgente».
Un joven delgado y nervioso nombrado Denys San Jorge respondía como impactado por un rayo y, en unas pocas horas, lanzaba bajo la puerta de mi casa un montón de ilustraciones, no solo para la edición en movimiento, sino para una buena cifra de las que estaban por venir.
Karoll William Pérez, uno de los artistas cubanos más multifacéticos, me regalaba el tesoro de sus trazos, el poeta Jesús Sama se inspiraba tanto, que lo mismo podía regalarme un artículo de media página que una constelación de poemas.
De Ángel Silvestre, qué decir. Dejaba que me despachara a mi antojo de esa galería infinita de creaciones que dibujaba a cualquier hora del día y la noche. Si necesitaba una ilustración en especial, me la dibujaba en instantes.
Los peces del pintor Álvaro Pérez, con toda su simbología libertaria, quedaban a mi completa disposición, al igual que las creaciones del maestro Exequiel Sánchez Silva, mientras que el poeta Carlos Jesús Cabrera, los narradores Francisco García González y Osvaldo de la Caridad Padrón me apuntalaban con un artículo, una crónica, un cuento breve, un poema…
Sucedió más de una vez. Mas la potencia cultural que siempre ha sido Bauta salía a socorrerme en la hora cero de aquella Tertulia, autora de tantos momentos bellos que supo regalarnos a quienes la organizábamos y defendíamos.
Bauta, el municipio sede del 26 de Julio, donde tanto sus artistas han hecho para alcanzar el rostro más esplendente en cualquiera de sus calles, centros e instituciones, fue parte de un proyecto de promoción artística y literaria que, aunque sencillo, fue capaz de agrupar creadores, hermanarlos, y aportar, sin orgullo de ninguna clase, un poquito de luz muy clara a esa palabra tan bella llamada Identidad.


