Cuando un ciudadano se pregunta qué está pasando con el servicio eléctrico o el abasto de agua, no se pregunta, muchas veces, por una realidad nacional que conoce de memoria, y hasta el hartazgo, sino por una adversa realidad que lo circunda en unos pocos kilómetros.
Esa es la verdad de su cuadra, barrio, zona, pueblo…y sobre ella desea (y debería) tener toda la información posible, hecho que todavía cuesta Dios y ayuda poder concretarse, en un siglo repleto de formas de comunicación.
Si el ciudadano se hace estas preguntas, y otras, y nadie puede responder con acierto su inquietud, puede usted dar por seguro que alguien, con otras intenciones, se encargará de hacerlo y, aunque no coincida un ápice con la verdad tal explicación, será siempre mucho más convincente que el silencio.
Callarse, cerrar la boca, ignorar las opiniones del pueblo será siempre un error. No es posible tampoco que ciertos teléfonos y espacios digitales, habilitados para atender las inquietudes de la población, sean un verdadero desierto de oídos, donde nadie asuma la respuesta adecuada que necesita el ciudadano, no los «cantinfleos».
En tiempos tan recios para casi todos, hemos vivido experiencias incontables en ese sentido y las seguiremos viendo, al parecer, en el municipio de Caimito y, a no dudarlo, en Cuba entera.
Preguntas y más preguntas, dudas y desconocimientos aparecen entre los nuestros y, en infinitas ocasiones, ninguna respuesta firme y creíble aparece en escena para satisfacerlos.
Por solo citar un ejemplo, me remito a la situación de apagón total, desde hace dos meses, del transformador eléctrico situado en la calle 42. Desde su misma rotura y la afectación a cientos de caimitenses residentes en las cercanías, las inquietudes comenzaron a llover a cántaros.
¿Y qué pasará a partir de ahora?, ¿cuándo tendremos de nuevo luz?, ¿en qué tiempo se arregla o se cambia ese transformador roto?, ¿en tres meses, en seis, en un año? Cero respuesta firme. Solo incertidumbre…y cantinfleos. Muchos cantinfleos. Y, como era de esperarse, cierta gente dando al asunto cualquier cantidad de «cuero» en las redes sociales.
Ya lo sabemos bien: si no explicas tú, otro lo explicará a su modo y le pondrá cuanto adjetivo pimentoso y oscuro se le ocurra.
Cuba, desde hace más de medio siglo, cuenta con organizaciones como los CDR, con un presidente en cada cuadra, que mucho pudiera ayudar en la explicación de lo que realmente sucede, en casos como este y como otros.
Pueden ellos ofrecer una explicación alto y clara, a través de la cual, si no hay visos de solución inmediata, pues al menos que haya una información creíble y no desmovilizadora. No es justo que alguien viva esperando por una solución, en medio de la desinformación más absoluta.
A estos sumaría, sin pensarlo siquiera, los delegados del Poder Popular en cada circunscripción, quienes podrían ofrecer información, casi a diario si fuese imprescindible, sobre los más diversos problemas que agobian a la población, entre ellos, por supuesto, la falta de agua y de fluido eléctrico.
El pueblo tiene diversos tipos de representantes. No es honorable tampoco que esos representantes estén «en Belén con los pastores», como dice el verbo popular, ante las decenas de inquietudes que cada día vierte la población…
Cuando uno de estos representantes se encoge de hombros o titubea para dar respuesta, la batalla comienza a quebrarse, y entonces, como ya aseguré en este comentario, irrumpirá en escena cualquier opinión para tomar el toro por los cuernos y contarnos lo que nos quiera contar.
Y ahí es donde las aguas de la desidia y la oscuridad de los sinsabores, acaban por hacer de las suyas a su antojo, por haber dejado guardada la información imprescindible, en el baúl polvoriento de siempre.


