Cada octubre regresan Camilo y Che, en las acciones de honra de generaciones y generaciones de cubanos. Hoy se cierra una jornada que siempre huele a flores, a mar, a ríos; tiene la frescura de niños y jóvenes juntos en desfiles y homenajes.
San Cristóbal les honró como siempre. Arte y afectos para ellos. Cientos de pioneros, estudiantes, trabajadores y pueblo que invocan la memoria de dos héroes icónicos, tan inmunes al tiempo.
Juntos, marchan los sancristobalenses hacia el puente del río. Esta vez campesinos a caballo y con sombrero lideraban la multitud. Las autoridades políticas y de gobierno entregaron primero a las aguas la ofrenda en flor a modo de honores.
Luego, manos, corazones y la imaginación fértil de los niños se sucedían unos tras otros, para poner a Camilo su peculiar recuerdo, justo en las riberas del San Cristóbal.
Arrojan desde lo alto el ramo entre los travesaños de hierro del puente, un patrimonio que conecta la historia con la identidad, que hace de lo local un sitio más cubano.
Otra vez se tiñó de flores el pañuelo verde de un río, más feliz cada octubre y nuevas estampas se hicieron memoria, en quienes tendrán para siempre aquí una marca de su infancia y de su suelo.







