La Asamblea General de Naciones Unidas volvió a ser testigo de una verdad que Estados Unidos no puede silenciar. Este miércoles 28 de octubre, 130 países votaron a favor de la resolución que exige el fin del bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, frente a solo 17 votos en contra y 25 abstenciones.
Por trigésima cuarta vez, Estados Unidos e Israel se encuentran solos defendiendo el asedio genocida contra el pueblo cubano. Hoy nuevamente asistimos al pronunciamiento del mundo contra una política que asfixia a un pueblo entero. Y lo hace, este año, en condiciones sin precedentes: a pesar de las presiones descomunales del Departamento de Estado y la Embajada de Estados Unidos en la ONU.
El canciller Bruno Rodríguez Parrilla lo había advertido con documentos en mano. Días antes de la votación, denunció que Washington desató una ofensiva diplomática «brutal» y «extraordinaria» para torcer la voluntad soberana de los Estados miembros.
Amenazas de aranceles punitivos, suspensión de programas de cooperación, negación de visas a funcionarios y sus familiares, respaldo a fuerzas opositoras e incluso la propuesta cínica de que algunos países se abstuvieran o se ausentaran si no podían votar contra Cuba. Fue, en palabras del propio canciller, «un modo novedoso y peligroso de llevar a cabo la diplomacia multilateral» que refleja «la impotencia del que no tiene la razón».
Y la presión no funcionó. La política de garrote no borró el reclamo de poner fin al bloqueo. El respaldo de estos 130 países mantiene una mayoría en contra de las restricciones económicas, comerciales y financieras impuestas contra Cuba. Frente a la maquinaria del chantaje, la comunidad internacional volvió a alzar la voz por la justicia.

Detrás de los números hay una realidad que duele. Entre marzo de 2025 y febrero de 2026, el bloqueo causó pérdidas por 8.083,3 millones de dólares, un 7 % más que el período anterior, y los daños acumulados superan ya los 178.700 millones.
El cerco energético, recrudecido hasta niveles extremos, no es una abstracción diplomática: es la madre que cocina con leña, el anciano que sube diez pisos a pie, el medicamento que no llega. Es, como ha denunciado Cuba, un castigo colectivo que busca doblegar por hambre y enfermedad a toda una nación.
Este resultado es, sobre todo, una señal política para quienes apostaron por aislar al país: el reclamo cubano sigue encontrando apoyo en Naciones Unidas. Quienes creyeron que con amenazas y coerción podían borrar décadas de condena unánime se equivocaron. Cuba no está sola. Y la verdad, aunque algunos se empeñen en manipularla, sigue poniéndose de pie.

Madre y periodista full time 😉

