«Vecino, vecino, ven para mi casa que ya se restableció el servicio eléctrico. Si tienes que poner a cargar algún equipo, mi casa está disponible». Le dijo Juan a María. «Gracias, gracias, claro que voy». Este diálogo común, actual y espontáneo, se vive en cualquier barrio de mi Cuba. Porque los cubanos de bien, se crecen ante la adversidad y buscan la solución. Así se corrió la voz de uno a otro apartamento en el vecindario, al iniciar el restablecimiento del Sistema Electroenergético Nacional.
Aún sigue vivo el sentido de pertenencia de quienes conocen las carencias y vicisitudes de vivir en un país bloqueado. «La solidaridad entre vecinos, consolida la unidad del barrio» reza un lema de los Comités de Defensa de la Revolución. En estos tiempos de crisis de todo tipo que atraviesa nuestra nación, agravada por el bloqueo llevado a su máxima expresión, los cubanos se crecen.
Crece también la inflación, pululan los oportunistas, los insensatos, esos que llevan el alma vacía y no brindan aunque tengan. ¡Lástima que sean cubanos! Pero aún quedan los que aman y fundan. Soy de los afectados por la rotura del transformador que da servicio a mi hogar.
Pero si existe servicio eléctrico en un espacio del barrio, ahí está la mano solidaria del vecino. Por eso hay que sentir orgullo de ser cubano. Sentir orgullo de tararear el tema de Habana de Primera y Alexander Abreu. «A mí me dicen Cuba, Cuba me llamo yo».


