La peor derrota es el olvido. Terminar en quinto lugar en la IV Liga Élite de Béisbol (LEB) no significa un revés para los Cazadores de Artemisa, sino apenas la confirmación de lo difícil de ese reto. No podemos olvidar que accedimos a un torneo del cual fueron eliminados equipos como Santiago de Cuba, Pinar del Río y Villa Clara.
¡Cuán dura la lucha, cuán inevitable caer! Lo sabíamos, aunque quisiéramos no saberlo. Porque, al perder numerosos juegos en la gira oriental, ceder nuevamente al regreso y frente a Matanzas, nos quedaba una única oportunidad: ganar una y otra vez en la última subserie ante Industriales, los líderes del certamen.
Dependíamos de una actuación perfecta (o casi) y de que los vecinos de Mayabeque resbalaran. Pero no sucedió ni una ni otra. Por momentos, los nuestros dieron pelea; por momentos, también parecieron bajar los brazos.
Muchos elevados y conexiones sin fuerza a la zona corta de los jardines, detrás de primera base o de segunda, no debieron picar… y picaron. En el béisbol verdaderamente de élite esos lances acaban dentro de un guante. Cuando esas bolas inofensivas se convierten en jit, se inicia una espiral negativa para el equipo a la defensa.
Los errores que no van a los libros desmotivan tal vez más. Si alguien hubiera compilado cuántos de esos se ganaron el apelativo de Texas, quizás fuera un número récord.
Defender mal no solo provoca carreras en contra, sino también torpedea el trabajo del lanzador… y desalienta. Un conjunto que es último en fildeo (único por debajo de .970), no puede aspirar a mucho.
Aun así, hay una verdad ineludible: el picheo falló. Con un Promedio de 7.11 Carreras Limpias (PCL) por juego (quintos), la alineación se ve forzada a anotar ocho, y eso no siempre resulta posible, incluso en un evento de abundante ofensiva y poco dominio desde el montículo.
A Geonel Gutiérrez (reforzará ahora a Las Tunas), el más eficaz, le marcaron 14 limpias (3.12 de PCL); el resto se comportó muy mal. Tras un año sin lanzar, Erly Casanova (8.02) no fue el seguro de otras veces. No estuvo Yunieski García, y Brander Guevara solo abrió dos juegos antes de partir a la Liga Mexicana.
¿Los refuerzos en el área de picheo? Ni Raidel Alfonso ni Omar David Pérez consiguieron apuntalar el staff, como tampoco el joven Mario Luis del Hoyo. Fueron bateados inmisericordemente. Yosvani Martínez navegó mejor.

Entre los de casa, Kevin Vega, Andy Luis Pérez, Yankiel Pérez, Leonardo Ocle y Daniel Alejandro García, aún no están a la altura del reto actual.
Encima, Israel Sánchez (aunque los números hablen de una campaña decorosa) no logró apagar los múltiples fuegos para los que fue llamado; por el contrario, le batearon con suma libertad: si antes recurrir al marieleño era una garantía, esta vez Yulieski González le confió la bola en cada situación complicada, y lo recibieron de mala manera en otras tantas ocasiones.
Mas, todo esto pudo ser un contratiempo superable, si los maderos hubieran sonado como corresponde a una poderosa alineación, con todas las potencialidades para enfrentar a cualquier rival.
Infunde respeto contar con Dayán García y José Antonio Jiménez, con un Yansue Moré ya imprescindible y refuerzos de la talla de Harold Vázquez (se sumará ahora a Holguín), del versátil Juan Manuel Pérez, de Carlos Monier, Juan Carlos Arencibia y Lázaro Fernández.
Lo cierto es que en las postrimerías de la etapa clasificatoria descendió el rendimiento de Dayán, Pepe y Vázquez, tres piezas clave en el conjunto.
Muy pronto perdimos también a un refuerzo de lujo como el santiaguero Raydel Sánchez.
Semejante sumatoria de factores desdibujó a la tropa dirigida por Yulieski González, la que al inicio de la lid tenía grandes perspectivas.
¿Qué lección deja la IV Liga Élite? Hay que seguir trabajando con la cantera, puliendo los brazos de los jóvenes lanzadores y captando talentos en otras tierras (¿por qué no? Todos lo hacen).
Insisto en que la peor derrota es el olvido. Recordemos que los Cazadores de Artemisa participaron de este torneo porque se ubicaron entre los seis mejores equipos de Cuba… por segunda vez en cuatro ediciones.
Quedémonos con las postales de tantos buenos momentos, de las remontadas, de los jonrones con bases llenas, de los fildeos electrizantes de Juan Manuel Pérez y Dainel López.
Decía el portugués José Saramago, Premio Nobel de Literatura, que la derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva. Convirtamos el revés en enseñanza, en desafío, en nuevo punto de partida.




