Ramiro Valdés Menéndez tenía un agudo sentido del humor. En el libro La expedición del «Granma». Selección de documentos, dice, en la evaluación que le hacían en México a los futuros expedicionarios: «Ramiro: Tirador bueno (…) Disciplina excelente, algunas planchas [como castigo] por sonrisas…»
Era muy burlón. En la propia evaluación se asegura que tenía: «Excelentes cualidades de mando así como resistencia física. Apto como combatiente de primera línea o como oficial. Agilidad mental extrema».
Dondequiera que estuvo dio la talla. Para ser segundo del Che, al frente de la Columna 8 «Ciro Redondo» y que el Guerrillero Heroico no expresara jamás una queja o un señalamiento negativo de Ramiro, tenía que ser grande este artemiseño, tan, pero tan querido.
Había nacido el 28 de abril de 1932. Lo perdimos este domingo 21 de junio, Día de los Padres.
De él se pueden decir muchas cosas hermosas. Solo trataré algunas, que dicen de su singularidad: fue el único asaltante al cuartel Moncada que, aquella mañana de la Santa Ana, entró al interior de las barracas de la fortaleza. En esta acción recibió un disparo en un pié.
Fue, entonces, el único ser humano que estuvo en las acciones armadas del 26 de julio de 1953; en el Presidio Modelo de Isla de Pinos; en el exilio en México; en la expedición del «Granma»; en los combates y batallas de la Sierra Maestra y; en la invasión a Occidente.
Por eso, cuando surgió la idea de crear —de manera excepcional— el grado honorífico de Comandante de la Revolución (el que solo han llevado en sus charreteras tres de nuestros héroes) él, junto a Juan José Almeida Bosque y Guillermo García Frías, fue seleccionado.
Fue el único, también, en ser —dos veces— Ministro del Interior. La efectividad de los Órganos de la Seguridad del Estado le debe mucho al Comandante de la Revolución Ramiro.
Pero, si no lo sabías, Ramiro fue viceministro primero de las FAR, ministro de Informática y Comunicaciones y; vicepresidente del Consejo de Estado y vice primer ministro. Además de Doctor en Ciencias Técnicas.
Fue el designado, por el Comandante en Jefe, en 1997, para traer desde Bolivia, vía aérea, los restos del Che y del Destacamento de Refuerzo.
Fidel le decía Ramirito, y él trataba a Fidel tuteándolo, como quien tutea a un hermano: con mucha cercanía y afecto.
En los años en que fui delegado a la Asamblea Provincial del Poder Popular de Artemisa tuve la oportunidad de verlo decenas de veces. Eso me permitió sopesar lo sencillo que era (no le gustaba la pompa); su sapiencia, su autoridad sin artificios y; lo mucho que el pueblo lo quería.
No por casualidad era: Héroe de la República de Cuba y Héroe del Trabajo de la República de Cuba.
Ah, me faltaba decir algo: ¡LOS YANQUIS NUNCA PUDIERON CON ÉL! Para que tengas una muestra: fue protagonista en la frustración de la inmensa mayoría de los ¡638! intentos de atentado contra Fidel.

