Salvo muy raras excepciones, porque se trata de un libro anónimo, el nombre del autor de la obra representa todo lo que, de bueno o de malo, guardan las páginas de esa creación.
Pero cuando se trata de un libro de crónicas periodísticas otro gallo canta, pues cada una de las piezas que componen el libro tienen como protagonistas a seres de carne y hueso, absolutamente reales, a veces con más memorable y valiosa historia que el autor de la pieza.
Ahora me ha sucedido con mi primer libro de crónicas periodísticas, Criaturas del corazón, publicado por el sello editorial Unicornio y presentado a los lectores en las Ferias del Libro de La Habana y Artemisa.
Tan importante he considerado a esas criaturas espléndidas que lo protagonizan, que he tenido a bien invitarlas a varias de las presentaciones de este cuaderno.
Sam dos Santos Castañeda, maestro de efectos especiales para el cine y la televisión, músico, artesano y masajista de lujo, protagoniza la crónica Colgando del miedo humano.
Y es que Sam es tan multifacético que, además de ser experto en esas profesiones, también es alpinista industrial, un oficio de resonancias suecas o suizas al parecer, pero en verdad es el oficio con que se define a aquellos que pintan los exteriores de los edificios, no importa cuán altos sean.
Son los alpinistas industriales seres valientes. Más que valientes. Y por muchas medidas de seguridad que tomen en las alturas, siempre corren el riesgo de padecer un accidente, del cual no sobrevivirán para hacer el cuento.
Sam, que confesó haber pintado un edificio de 42 plantas, entre otros, reveló también que estuvo a punto de perder la vida en una de aquellas aventuras. No sucedió la desgracia, por suerte. Yo me encargue de contarla, pero Sam se encargó de vivirla …o de sufrirla agónicamente, más bien.
Mirta y Rolando llegaron a mí, hace ya varios años, con la noticia de que su hijo Rolando Morales Crespo, como consecuencia de un cáncer feroz, había fallecido muy joven, pero dejado un grupo de poemas que serían publicados por la editorial Unicornio.
Accedí a escribir el prólogo de tan sensible libro y le puse punto final a las dos de la tarde de un sábado, cuando comenzaba un partido de vida o muerte entre los equipos de Cuba y Venezuela en el Primer Clásico Mundial de Béisbol.
No es gratuita esta alusión beisbolera. Rolando Morales amaba intensamente el béisbol y contaba con todo el talento posible para llegar muy lejos como receptor.
No pudo ser. La vida le regaló un golpe traicionero muy duro cuando el cáncer le mutiló una de sus piernas y después los pulmones.
Mirta y los dos Rolando protagonizaron aquella historia de amor y sufrimiento brutal. Yo solo fui el excipiente que ayudó a darle forma de crónica en El sueño no fue tan largo…pero fue, para que no quedara en el silencio de la desmemoria.
Y como esas dos historias hubo otras de caimitenses, artemiseños, mayabequenses, cubanos…que, a través de periódicos y revistas, puse en manos de los lectores y un buen día incluí en el libro Criaturas del corazón.
He publicado ya cerca de 15 libros, de varios géneros, pero nunca, como con este, me sentí tan cerca de las criaturas que ayudaron a darle forma definitiva, rica y humana.
Y es que estamos rodeados de seres con muchas cosas bellas y duras por contar. Y en manos del escritor y del periodista está la misión de contarlo. De contarlo con el corazón, si es que pretendo decirlo como bien corresponde.

