¿Quién le iba a decir a la niña que declamaba en actos, incursionaba en una compañía de ballet, cantaba y tocaba guitarra en un grupo de aficionados, que un día estaría dirigiendo su primera película? Tal vez la artemiseña María Rentería tenía escrito su futuro, o ella misma forjó su destino, con empeño y talento.
“Aprobé las pruebas de aptitud de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (Famca), e ingresé a la carrera. Aprendí muchísimo, por supuesto; pero, más que las asignaturas, clases y exposiciones, agradezco la oportunidad de entrar en el medio: aun siendo estudiante, estuve siempre involucrada en procesos de rodaje, como parte de los equipos de realización de varios proyectos.
“Incluso antes de graduarme, ya comencé a ejercer, algo habitual en la Famca: desde segundo o tercer año, te integras al equipo de una serie de televisión o haces asistencia de algún departamento en alguna película.
“Tuve la suerte de encontrarme con profesionales maravillosos que me brindaron la mano… y confiaron en mí para asumir roles de mucha responsabilidad en los procesos de rodaje. Así me hice de un determinado currículo, sobre todo en el universo de la asistencia de dirección y en la especialidad de continuista o script.
“He colaborado con muchos realizadores importantes, como Rudy Mora, Roly Peña y Eduardo Eymil, del mundo televisivo. Y ya en el cine, también como asistente, con Marilyn Solaya y el fallecido Jorge Luis Sánchez. He estado directamente involucrada en algunas de las obras audiovisuales que se han realizado últimamente en el país”.
Aquel rol tuyo de pequeña era más de interpretar o actuar, este ahora es más de proponer, con tu propia visión.
“Así es. La convocatoria para esta película fue una propuesta del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) para realizadores o guionistas, a quienes les interesara enviar una historia corta, máximo de 15 minutos, que abordara la resiliencia del cubano de hoy.
“Tenía una historia que me parecía interesante, aunque no la había terminado de desarrollar. Estaba a modo de sinopsis y de escaleta, pero era el momento de hacerla, y terminé de redactar el guion.
“Lo envié sin muchas pretensiones, realmente. Pero me preseleccionaron y, después de un proceso de pitching, donde exponemos la idea, lo que queremos conseguir, la propuesta estética y elementos más técnicos de la película, fui elegida entre las finalistas.
“El filme se va a llamar Habana Mía, y mi cortometraje El peso del aire, será una de sus ocho historias.
“Es muy personal: un drama. Creo que va a conectar con todo el público. Tiene códigos universales, pero los cubanos lo van a asumir de manera más cercana, principalmente las cubanas, porque la figura principal es la madre cubana y el sacrificio, la entrega, detrás de esa figura.
“Tiene mucho que ver también con mi vida personal, con cosas que mi familia y yo hemos vivido últimamente. Por eso también se retrató y se produjo de una manera muy íntima, con un equipo súper colaborativo y gente de mi confianza que dio lo mejor de sí.
“Son personas a las que les dije ‘voy a hacer mi ópera prima, quiero que estés aquí’, y dieron el paso al frente. ¡Y son nombres enormes de la cinematografía cubana actual! Estoy súper agradecida con ese equipo talentosísimo, con mis actrices (Tahimí Alvariño, Yaité Ruiz y Paula Alí), ¡lo más grande de lo más grande!, y la colaboración de Víctor Cruz.

“Para Paula, recientemente fallecida: El Peso del Aire fue su última aparición en el cine ¡y la vamos a ver relumbrar! El suyo es un personaje entrañable, que asumió con un nivel de responsabilidad y una madurez artística enorme.
“Quedamos encantados con su humildad como persona y como profesional. Estoy muy feliz de haber podido contar con ella, de que haya leído mi guion y le haya interesado.
“Me gustaría subrayar igualmente que la película la produce el Icaic e I4 Films, un grupo creativo con varios filmes ya. Realmente enfrentaron condiciones muy complejas, como alquilar el grupo fotovoltaico para filmar, porque no había iluminación en casi ninguna de las locaciones. Y esos grupos estaban básicamente en función del equipamiento de cámara y de iluminar los espacios para grabar.
“Fue complejo por la caída del SEN y por la transportación de 20 a 30 personas, ahora mismo en triciclos, y las actrices en carro, con altos costos del combustible. Y se logró, pese a las condiciones”.
Sin hacer adelantos, al final ¿la historia transmite un hálito pesimista o positivo?
“Pienso que es una oda esperanzadora, muy sentimental. Cuando los espectadores la vean en pantalla grande, se van a emocionar, algunos de manera más cercana, porque esas vivencias mías y de mi familia pertenecen al universo personal de muchos cubanos.
“Al final, refleja la esperanza, el agradecimiento, un canto a la idea del cariño parental, de la amistad. A pesar de las interpretaciones que haga cada cual, me parece que el mensaje será hermoso”.
Tan hermoso que tu vida sentimental y profesional están ligadas en el mismo proyecto de película.
“Sí, la convocatoria nos llegó a mi novio Juan Carlos Tavío y a mí. Compartíamos sinopsis o ideas de proyectos que se afiliaban a la de la productora, tuvimos la suerte de ser elegidos y dirigimos nuestros cortos. Además, ha sido un proceso formidable: él fue mi director de arte, y yo le hice la asistencia de dirección.
“Ha sido súper lindo, con dos ideas muy sensibles, cada una desde miradas distintas y géneros cinematográficos diferentes: su historia es un poco más de ciencia ficción; mis personajes son personas más experimentadas y los suyos más juveniles. Pero, tanto El peso del aire como Nexo, transmiten un mensaje de esperanza”.
¿Y cuántos fotogramas de Artemisa quedan en el corazón de la cineasta María Rentería?
“Puede parecer manido, pero Artemisa está en todo lo que soy y hago. De hecho, en el mundillo audiovisual hay una especie de chucho; me identifican con Artemisa. De esa manera, medio inocente, de chiste y de risa, trato de resaltar el hecho de que somos muchos con cualidades artísticas y humanas espectaculares.
“Yo adoro mi provincia, a mi gente —que tiene una nobleza especial—, a mi pueblo. En mi carrera abundan los graduados artemiseños. Han contribuido a que el cine y el movimiento audiovisual del país florezca. Para mí ha sido un orgullo, y siempre menciono que soy de Artemisa; hay quien conoce a esta tierra por mí.
“Nací en este lugar, y cada cierto tiempo regreso, porque tengo amistades, familia y gente que adoro. Y un día… cercano, muy pronto, también rodaré una película aquí”.
Romántico como Jean Valjean, aventurero como el Che, alguien que disfruta cuando hace un bien (como quería Martí), y aprendiz de periodista hasta el fin de mis días

