Flores Enrique García Rodríguez encontró su lugar en el mundo, cuando sintió que la música era su destino. Desde entonces y por más de tres décadas, no ha dejado de ser feliz profesionalmente. El músico alquizareño repasa treinta años de búsqueda sonora: del rock y el hip hop a la fusión con timba, salsa y funk, y adelanta la salida del primer demo de Tierra Prometida, agrupación a la que pertenece y por cuya sonoridad hoy se le identifica.
-Usted comenzó muy joven, en 1990, con una banda de rock. ¿Qué recuerda de aquel primer proyecto?
La agrupación se nombraba Blackness. Éramos cuatro integrantes con mucha influencia del rock estadounidense: Metallica, Guns N’ Roses, Iron Maiden. Sentíamos una admiración muy fuerte por esa música, pero como era un proyecto prácticamente adolescente, no duró mucho.
-Luego vino un giro hacia el hip hop. ¿Cómo se produjo ese cambio?
Corría el año 1997. Había escuchado mucho a Vutan Clan, a Tupac shakur, a Notorious B.I.G. y con otros tres muchachos hicimos un cuarteto que se llamó Zona Peligrosa, que después se convirtió en Zona Clave. Eran proyectos netamente de hip hop, con todo lo que tiene que ver con el movimiento de la costa oeste, el rap, la NVVA, Gunster rap. Ese proyecto duró muchos años.
-¿Qué conservas de aquella etapa?
Con ese proyecto grabé varios demos: Kit de polis, Atrevido, Chocar con el vidrio y La calle está caliente, que fue uno de los últimos que trabajamos.
-Después emprendió una etapa como solista. ¿Qué buscaba musicalmente en ese momento?
Ya tenía otras inquietudes musicales. Hice un proyecto en solitario y grabé un disco, Confía en mí, y después Delirio de grandeza. Quería una visión más abierta, no solo rap o rock, sino también R&B, soul, jazz y góspel.
También, recuerdo la composición del 2024 Cuba y Puerto Rico que la interpretó Julio César Sanabria y Salí, la Margarita de Cuba, con el acompañamiento, siempre genial, del laudista Barbarito Torres y Charlis Sepúlveda en la trompeta.
-¿Con quién trabajó en esos discos?
Con un excelente productor, Julio César Ayalón, más conocido en el mundo de los músicos como El Pirri. Con él hice unos cuantos demos.
-¿Cómo llegas a la agrupación Tierra Prometida?
Tropecé en el camino con un hermano que escuchó mi disco y empezamos a trabajar juntos. Se trata del director y guitarrista de la agrupación, Georges Mederos Collazo. Él tenía un proyecto musical aparte y unimos fuerzas. Así surgió nuestra Tierra Prometida. Actualmente somos ocho integrantes, tres solistas: José Manuel García, Márima Macías y yo, más la percusión y las guitarras. Por más de diez años nos hemos insertado en el panorama de la música artemiseña.
-¿Cómo define el sonido de Tierra Prometida?
Fusionamos el funk con elementos de música cubana: mucha timba, mucho son, mucha salsa. Y con eso salen todos los monstruos que he ido cultivando con el tiempo, porque ahí hay influencias de rap y de rock. Tierra Prometida viene siendo todo lo que he acumulado como músico y compositor, empleado en este grupo.
-Además de la música, ustedes han creado espacios interdisciplinarios. ¿Qué fue “La noche de los hexaedros”?
En este espacio, durante muchos, unimos la literatura y la música, la trova. Hacíamos diferentes manifestaciones artísticas con otros artistas. Actualmente lo trasladamos a la galería de Güira de Melena, con características más o menos parecidas.
-¿Qué reconocimientos ha recibido con Tierra Prometida?
He estado nominado al premio Cuerda Viva en dos ocasiones. Hemos participado en todos los eventos: el Festival de la Buena Onda, el Festival de Tesis Mestizas, y todos los años hemos estado invitados a la Feria del Libro.
-¿Qué proyectos vienen ahora?
Estamos trabajando en nuestro primer demo, con calma para que todo quede bien que, si no sale este año, saldrá al principio del próximo. Tierra prometida, más allá de la agrupación que es, es un espacio de aprendizaje constante, entrega y trabajo. Todo lo anterior se ve en el escenario, porque el fin de todo nuestro esfuerzo es el público, el aplauso del público que lo dice todo.




