No pudo iniciar en febrero la Feria para Fidel. Pero en paradoja de maravillas se alinearon vicisitudes y voluntades para que sucediera en agosto, justo cuando se cumplen 100 años de haber visto la luz en Birán. Tenemos que hacer, digna y bonita, la feria de Fidel. Pocos como él, merecen una fiesta de cumpleaños con libros, lecturas y lectores en saberes compartidos, justo en el año en el que rompen 65 piñatas sus visionarias palabras a los intelectuales, y la Uneac como vanguardia artística y literaria del país.
Para otros pudo ser aquel juicio un trance fatal. Él convirtió el problema en oportunidad de denuncia y promesa: «…al pueblo le diremos lee». Y también por eso lo absolvió la historia. Tras la aurora de enero en Cuba libre, cumplió lo prometido y se hizo artífice de la política editorial cubana, luego de convertir cuarteles en escuelas, ponerle alas al conocimiento de su pueblo y ayudar al fomento del hábito de lectura.
Bien fertilizadas florecieron desde entonces imprentas, bibliotecas, librerías y jolgorios para páginas impresas. Gracias a tanto empeño, es internacional nuestra Feria del Libro, tiene Artemisa su editorial Unicornio, y llegamos los artemiseños a 14 ediciones de este festín del saber.
No vamos a tener impresos todos los libros que queremos. El cerco económico es grande y obstinado. Producir libros no escapa de la madeja, sin embargo, por encima de las carencias predomina el interés y el deseo de salvar la cultura. Otra vez ganarán espacio los autores para comentar sus obras, los mostradores para la venta de libros y algún que otro local iluminado donde cargar en memoria los textos digitales.
Hermoso resulta que hagamos coincidir en la Feria a Fidel y a Rusia como país invitado. Mágico privilegio de acceso a singular literatura, a sus autores universalmente conocidos y a una cultura, distante en la geografía, mas cercana por el entrañable cariño entre ambos pueblos.
Simbólico es también dedicar la Feria de Artemisa a dos hombres sabios: René Fuentes Cintado (Renito) y Osvaldo de la Caridad Padrón Guas. El primero, iletrado al triunfo revolucionario, recibió los beneficios de la alfabetización y le ha podido regalar insuperables décimas y sonetos a Cuba. El segundo, venido al mundo el mismo año en que el líder moncadista salió de su prisión fecunda, es todo entrega de tiempo y talento a casas editoriales cubanas, de cuyo prestigio se habla en voz alta por el mundo.
No será esta Feria la más surtida ni la más extensa. Pero es la del centenario de Fidel e irá a parar a un sitio de privilegio del costado izquierdo, en el entrañable rincón de los afectos.
Cuando la identidad se vuelve fiesta
El verano artemiseño tiene una cita ineludible con la memoria, la música y el mestizaje. Este año, la provincia se viste de gala para celebrar la quinta edición de su festival más auténtico: Artemisa Mestiza, un evento que no solo es una fiesta, sino una declaración de principios sobre lo que somos como pueblo.
Del 21 al 23 de agosto, la capital artemiseña se convertirá en el epicentro de la cultura cubana, en un año que, además, está marcado por la solemnidad y la alegría del centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
En esta ocasión, la edición está dedicada a tres pilares de la cultura local: Graciela González Guerra, Olga Montes y el colectivo de Los Cuenteros, nombres que resuenan con la fuerza de la tradición oral y el arte más genuino.
Quienes guían esta iniciativa esperan un impacto social de gran envergadura. Artemisa Mestiza es, ante todo, un festival descentralizado, que abraza al transeúnte y lo invita a ser parte de la obra.
El 70% del talento artístico será de la propia provincia, un guiño a la cantera inagotable de creadores locales que, junto a artistas nacionales y el Consejo de Casas de Cultura, la Brigada José Martí y la AHS, demostrarán que el arte cubano no entiende de jerarquías, sino de pasión y calidad.
La fiesta tiene también un compromiso con la historia reciente. La fecha elegida no es casual: celebramos el XVI Aniversario de la provincia, cumplidos el pasado enero, el Día Internacional de la Juventud y el 62 aniversario de la EGREM, la disquera que ha sido la banda sonora de varias generaciones.
Artemisa Mestiza es, en esencia, un homenaje a Fidel, al verano, a la juventud y a la memoria musical que mantiene la certeza de que el mestizaje que nos define seguirá vibrando en cada rincón de la provincia. Es también un recordatorio de que la identidad no es una herencia inexistente, sino una llama que se alimenta cada día de la pasión de quienes la mantienen viva. Todos somos parte de esa mezcla que late en el corazón de la Diosa de Occidente y que, este verano, encuentra nuevas maneras de brillar.

