Hay lecciones de vida que te abrazan en los momentos más complejos. Unas te reinician, otras convierten hazañas de ayer en caminos para siempre. Hay vueltas atrás necesarias para tomar impulsos, pedazos de historia que merecen repetirse con el tono de estos tiempos. Hay nombres y hombres que son símbolo, líderes imprescindibles, que nunca se podrán ir, aunque se hayan ido.
Mientras vivo en pleno agosto de 2026 las carencias de electricidad y de agua potable, la falta de información esperanzadora en ambos temas, el precio inaccesible del aceite vegetal, la ausencia casi total de opciones estatales para transportarse, las bodegas quietas en las esquinas, la falacia de tener pasarelas de pago, y la vida que se agota, pienso en niños y jóvenes que son el futuro, pienso ¿qué hubiera hecho él?
¿Otra Batalla de Ideas? ¡Quizás! De esos años, duros también, pero con más igualdad social que los actuales, hay que anotar resultados palpables, maneras de conducir, de hacer, de unir, de pensar en todos.
Claro, no es igual. No somos iguales. Pero la primera imagen transformadora de aquellos momentos sin transporte y con alimentos contados estuvo centrada en la juventud, en la misma que él ha dicho que “se pueden depositar en los hombros grandes tareas”.
Y nacieron proyectos y programas que los tenía en su centro. Fueron tocadas muchas puertas de desvinculados del estudio y del trabajo, para persuadirlos, convocarlos, motivarlos…
Y los convencimos de que era su momento de formarse como trabajadores sociales, maestros emergentes, profesores generales integrales… Muchos, también, terminaron siendo abogados, psicólogos, sociólogos. ¡Útiles!
Fidel, el Comandante en Jefe que este 13 de agosto llega a su centenario, hablaba horas y horas con los más jóvenes hasta meterse en su pensamiento, incluso, viceversa.
Sabía de sus gustos, de sus aspiraciones, de su futuro inmediato.
¿Entonces? No creo que podamos perder más tiempo con esa generación que empuja un país. En ellos, en quienes ya no desean sentarse en un aula universitaria, ni ser padres o madres; en los que pierden los sueños de ser deportistas tras escasos presupuestos; en los que trabajar por la izquierda es fin y principio; en quienes escasean los modales, y ven la solución de sus vidas en cruzar mares por un futuro distinto, hay que pensar y hacer.
No son ellos de actos o eventos políticos, ni de sentarse frente a la televisión, salvo para el deporte. No van, casi nunca, de la mano con su novia ni ocupan bancos en un parque para regalar flores.
Son jóvenes como lo fuimos, pero se parecen más a su tiempo. Y ante la amenaza de perderlos, toca una cruzada por devolverlos.
Fidel, el hombre de estatura moral que este agosto llegaría a sus 100 años de vida, creo que tuviera diálogos más sistemáticos, transparentes….
Y desencadenaría hacia abajo igual táctica y estrategia. Los ocuparía en los retos sociales, les daría fuerza para asumir las mañanas con su propio empuje en la primera línea, los juntaría en función de mezclar intereses, los convertiría en protagonistas, les señalaría con un dedo todo lo mal hecho, y con ese mismo los conduciría…
Quienes contamos 50, 60, 70 años, pensamos en lo vivido y sonreímos. Hicimos y deshicimos con total responsabilidad ¿y ellos? Porque sonrían mañana, tenemos irremediablemente, que fomentar otra batalla. Eso, creo, haría él.


