En cada encuentro literario o informal con el escritor bautense Osvaldo de la Caridad Padrón Guas, resulta inevitable recordarle que el paso del tiempo se ha detenido en seco dentro de él y, como el célebre narrador argentino Julio Cortázar, un aire espléndidamente juvenil ha decidido escoltarlo de manera permanente, aunque ya cuente con 70 años en su espigada anatomía.
Pero más allá de esta gloriosa impresión física, Osvaldo ha trabajado largamente, no solo en los diversos géneros de la literatura, sino también en la construcción de mejores caminos editoriales y de promoción para decenas de autores de mayor y menor calibre, encumbrados o desconocidos.
Con este hombre de palabra serena y bien pensada, correcto y cordial, capaz de echarle mano a una guitarra en una descarga informal, a quien, junto a Renito Fuentes, se le dedicará la próxima Feria del Libro en Artemisa, conversé para saber del impacto causado en él por esta noticia ferial… y para algunos asuntos de la Ciudad Letrada, también de interés para los lectores de este semanario.
—¿Cómo te sentiste con la noticia de que iban a dedicarte la feria artemiseña del libro?
Yo sabía que estaba propuesto porque me pidieron el currículo. Me enteré finalmente de mi selección una tarde en que estuvimos compartiendo con escritores mexicanos en la biblioteca Antonio Maceo, en Bauta.
—¿Crees merecer este reconocimiento?
No sé si lo merezco más o menos. En el 2004 cumplí 40 años de vida en la literatura y, en la medida de mis posibilidades, he tratado de andar en este mundo tan fascinante de la manera más seria y responsable que he podido.
—¿Recuerdas cuál fue tu primera publicación?
Sí. Mi primera publicación fue en la revista Muchachas, donde apareció mi cuento El abrigo. En cuanto a mis colaboraciones periodísticas, la primera fue una crónica en el periódico El habanero, titulada Una boda en bicicletas, gracias al apoyo del lingüista Juan Ramón Rodríguez. Recuerdo que fue en 1991, en pleno Período Especial.
—¿Hasta dónde las páginas de El habanero estuvieron abiertas para ti?
El habanero tenía más posibilidades de publicación que otros periódicos, sumergidos en las grandes carencias de aquel Período. Salía dos veces a la semana, siempre con una página cultural, más el suplemento Tertulia Habanera, con cuatro páginas abiertas a los más diversos creadores de la entonces provincia de La Habana.
Aproveché muy bien esos espacios que me facilitaron y le di promoción a muchos libros publicados por la editorial UNIÓN de la Uneac, y escribí sobre diversos temas. También tuve un espacio en Señal 5, en Radio Cadena Habana. Como ves, nunca he estado de espaldas al periodismo.
—Cuando paso revista a tus libros, recuerdo en especial El tesoro de tus días, donde rescatas la intensa obra de este otro Homero. ¿Sigue estando en el olvido tan valioso creador?
Homero no se ha olvidado en la memoria popular, pero sí en la institucional. Existían un concurso y diferentes formas de homenajearlo, pero desaparecieron. Una cátedra como Naborí opinaba muy bien de Homero.
Por el momento tenemos el consuelo de que en todas las peñas y canturías sigue vivo, aunque no es suficiente. La obra de Homero merece mucho más.
—¿Piensas que serás más reconocido a partir del homenaje en la próxima feria?
Me gusta ser un desconocido. Tuve la suerte de conocer a Onelio Jorge Cardoso y me dijo: «si quieres escribir, tienes que vivir». Para tener «parque» suficiente, tienes que meterte aquí y allá y mirar sin que te vean. Por ese motivo me gusta ser incógnito.
—¿Cuál es el mayor encanto y la mayor adversidad de un escritor?
Los escritores tenemos una virtud: no nos pasa nada malo, porque lo malo lo convertimos en tema para nuestra escritura. De la adversidad se pueden sacar muy buenas obras.
—De tu función como directivo editorial, ¿qué recuerdos te llevaste?
Lo más hermoso fueron las relaciones humanas, la cantidad de amigos y amigas que me quedaron después de esa gran aventura de luchar por la publicación de obras y autores verdaderamente iluminados. A pesar de las diferencias, siempre primaron los mejores sentimientos entre nosotros.
Osvaldo lamenta que se hayan perdido muchos avances en el universo de la Ciudad Letrada, como premios, críticas, promoción, publicación de cuentos y poemas en revistas, ediciones en formato de papel… «se perdió todo eso, no hay promoción nacional e internacional de la literatura», comenta muy contrariado el autor de la polémica obra Los enviados del Infierno, publicado por ediciones Montecallado.
No obstante, sigue soñando con nuevos proyectos, con volver a la obra de Homero Montesino, poeta inagotable, con disfrutar de ese libro inclasificable genéricamente y nombrado El don de la caricia, a presentarse en la próxima feria, y sigue soñando, sobre todo, que como su admirado Quijote no hay derrota ni molino de viento que pueda frenar la magnífica vocación de un escriba.



