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Diario de la comunidad artemiseña
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Home Artemisa

Identidad, una categoría en construcción

Saylis Gabriela Mena Suárez by Saylis Gabriela Mena Suárez
27 mayo, 2026
in Artemisa, Portada, Reportajes
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Identidad, una categoría en construcción

La joven provincia artemiseña cada día construye su identidad con pasos que la acercan más al destino soñado / Foto: Otoniel Márquez Beltrán

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El 9 de enero de 2011, once municipios cambiaron de mano. Ocho dejaron de ser habaneros y tres no pertenecieron más a Pinar del Río. Todos comenzaron a experimentar algo nuevo que tardarían en nombrar. Incluso, quince años después, la pregunta sigue abierta: ¿existe un «nosotros» artemiseño?

Máximo Vieyto González, historiador de Bahía Honda, lo dice sin rodeos: «15 años no son suficientes para tener una identidad sólida. Estos municipios estaban arraigados a una cultura desde el siglo XIX». Y lo demuestra con un detalle que habla más que mil discursos: «Usted va a Bahía Honda y no ve, por ejemplo, un bicitaxi. Allí todo es loma. Sin embargo, eso no pasa en San Antonio. Las raíces son distintas».

Según Melvis Noda Castillo, alquizareña licenciada en Estudios Socioculturales, uno de los principales problemas es la situación geográfica de cada poblador y las contradicciones generacionales. «Los de Bauta, por la cercanía, siempre se han sentido más apegados a La Habana. Igual ocurre con los que nacimos en Maternidad Obrera, en la capital. Sin embargo, para los adultos mayores el cambio sí ha sido más violento».

El Doctor en Ciencias Adalberto Carmelo Valdés Pérez, desde Güira de Melena, es todavía más crudo: «Para un güireño, Artemisa es un pueblo más. Sus contactos son con Alquízar, San Antonio y La Habana. Cuando se menciona la palabra ‘capital’, la mayoría por acá aún piensa en La Habana».

El transporte, o más bien su ausencia, convierte esa distancia emocional en un muro de hormigón. Noda Castillo recuerda lo que sí hubo una vez: «Artemisa llegó a tener seis viajes diarios a Güira de Melena. El cierre era a las 10 de la noche. Podías ir a tomarte un helado a Artemisa a las 5:00 de la tarde y sabías que a las 9:00 de la noche había viaje de regreso. Esa conectividad ya no existe». Vieyto González confirma el drama cotidiano: «A los bahiahondenses se les hace casi imposible venir a la capital artemiseña. No hay combustible, la guagua de los médicos está suspendida. Para los demás sectores está imposibilitado prácticamente».

Sin embargo, no todo es nostalgia ni incomodidad. Miriam Santos Castillo, historiadora de San Cristóbal, corta de raíz: «No hay duelo por la división. Realmente nunca hubo ese gran apego. Se ganó comodidad, fuentes de trabajo, liderazgo político. Las identidades locales son fuertes. No hay presencia de desgarro».

Lo que sí se ganó, y varios lo celebran, es el fin de la discriminación. La socióloga de Alquízar revela la herida: «En La Habana siempre hablaron de nosotros como ‘la gente del campo’. Siempre hubo ese enfrentamiento». Adalberto Valdés también lo afirma: «Se perdió ser habanero. Se ganó el no ser discriminado. Ahora todos estamos en igualdad de condiciones».

El cambio generacional es, quizás, el dato más esperanzador. Los que nacieron después de 2011 no lloran lo que no vivieron. Melvis Noda pone a sus hijas como ejemplo: «Siempre se han sentido artemiseñas. Nacieron en el hospital de la propia Artemisa. La mayor estudió en la casa de altos estudios del municipio cabecera y allí trabaja. La menor está feliz de cursar sus estudios de Enseñanza Superior también ahí. La universidad les da identidad».

Daniel Suárez Rodríguez, presidente de la Unión de Historiadores (Unhic) en el territorio, opina diferente: «Los jóvenes se asumen artemiseños porque están aquí, pero por nada más. Si los llevas a otra provincia, les dolería la familia, no la geografía». Y lanza una confesión personal: «Yo me siento artemiseño desde el primer día. Nunca me sentí pinareño ni habanero. Pero todavía no hay un ‘nosotros’ artemiseño. Eso no se decreta. Se vive».

¿Qué se está viviendo? ¿Qué une, aunque sea con hilo fino, a estos once municipios?

Suárez Rodríguez enumera los avances concretos: «Hay eventos y personalidades que la gente identifica como nuestros: el Jolgorio a Polo Montañez y el propio Polo; Artemisa Mestiza; Ciro Redondo como nuestro patriota; Cirilo Villaverde, de Bahía Honda». Pero admite las carencias: «No tenemos un plato que nos identifique. No hay expresiones culturales que nos diferencien claramente de La Habana y Pinar del Río».

Donde sí ve avances decisivos es en los medios de comunicación: «Los tres medios provinciales -periódico el artemiseño, emisora Radio Artemisa y Telecentro Artemisa Visión- están haciendo un papel genial. Le dan rostro a la gente. Crean una narrativa común».

Pero todavía podemos preguntarnos: ¿qué se ha ganado y qué se ha perdido en estos 15 años? Máximo Vieyto no lo duda: «No lo veo como una división, sino como una multiplicación. Bahía Honda estaba a muchísimos más kilómetros de Pinar del Río que ahora de Artemisa. Se facilita todo». Daniel Suárez añade: «No creo que haya malestar. La población bahiahondense puede que se sienta pinareña, pero sabe que ahora resuelve mejor y más rápido sus problemas. Las autoridades se ocupan más que antes». Adalberto Valdés pone el acento en lo que se dejó atrás: «Lo que se perdió fue ser habanero. Pero eso no es una pérdida, es una liberación».

Sin embargo, la capital provincial sigue sin enamorar a sus propios ciudadanos. Valdés Pérez es contundente: «La identidad provincial no ha nacido en los otros 10 municipios. Al menos los habitantes güireños no sienten el municipio cabecera como suyo».

Melvis, en cambio, defiende el rol simbólico de la cabecera: «Tener a Artemisa como capital, donde puedo caminar por el bulevar, sentarme en el parque, el hecho de centralizarla como la ciudad capital que es, me parece de lo mejor que ocurrió con esa división».

Daniel intenta un balance honesto: «Hoy, si me dices que ubique la balanza, creo que hay más personas que se sienten artemiseñas o actúan como tal, que como habaneros o pinareños. Pero todavía falta mucho».

¿Y dentro de cinco años?

La alquizareña graduada de Estudios Socioculturales pone la perspectiva histórica: «Quince años son un suspiro respecto a la historia de Cuba. La identidad del primer año no es la del quinto ni la del décimo. Todavía está en construcción». Daniel proyecta: «La identidad artemiseña la veo dentro de 5 años en proceso todavía. Este será un camino largo. No se decreta, se vive en lo cotidiano, en la resolución de los problemas, en el sentimiento de querer quedarse aquí. Y que nos reconozcan afuera como artemiseños».

Adalberto Valdés deja una advertencia final, casi una invitación a seguir investigando: «En un futuro no tan lejano, no se recordarán estos 15 años debido a que en los otros 10 municipios la identidad provincial no ha nacido. Si se aplican encuestas en Güira, Bahía Honda o Bauta, veremos hacia dónde se inclina la balanza. Y no es precisamente hacia Artemisa».

Pero también concede una verdad más amplia: «En todas partes del mundo, en las identidades territoriales subyace la ‘identidad de los bordes’. Los de Bauta con Playa y La Lisa, los de Güira con La Salud, Quivicán y Batabanó. Esos vínculos son históricos. Solo el protagonismo sin imposiciones, con ofertas agradables, dará un vuelco a la mirada».

Artemisa, entonces, no es un hecho, es un proceso. Sus hijos mayores aún miran hacia el Capitolio o hacia las vegas de Vueltabajo. Los jóvenes llenan las aulas universitarias sin nostalgia. El transporte sigue siendo un muro. La discriminación, una herida que cierra despacio.

Entonces, finalmente, ¿existe un «nosotros» artemiseño? Daniel responde con honestidad: «Todavía no. Pero tampoco prima el habanero nostálgico o el pinareño renuente. En algún momento saldrá a flote completamente el artemiseño. Creo que ya ahora está ganando un poco más».

Mucho queda por hacer para que Artemisa sea un sitio de y para todas las personas que la habitan. La identidad no se fabrica en los despachos ni se apura con decretos. Quizás los más honesto sea decir que Artemisa no es todavía un hogar compartido, pero sí una mesa donde once municipios han empezado a sentarse. Y tal vez eso baste por ahora: que estén sentados, juntos, aunque aún no sepan bien el nombre del platillo que tienen delante.

Quince años no son nada en la larga historia de una nación. Pero a veces, en la vida de una provincia recién nacida, son justo lo que se tarda en aprender que establecer un nosotros no es un punto de llegada, sino un camino que apenas comienza. Y que lo importante no es solo tener destino, sino saber consolidar el viaje que es esta creación de la identidad artemiseña.

Sitios ubicados en los diferentes municipios mencionados en el texto, que han ocupado un lugar importante en la creación y consolidación de la identidad artemiseña / Fotos. Otoniel Márquez Beltrán
Tags: artemisaidentidadidentidad artemiseñareportaje
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