Tiene Bahía Honda cinco patriotas que engrosan la galería de mártires de la lucha clandestina, durante la etapa de lucha insurreccional contra la dictadura de Fulgencio Batista. Militaban en las filas del Movimiento 26 de Julio: José Vicente Chávez Fernández y Cándido Alfredo Rodríguez Carbonel, ambos caídos en La Habana, en acciones de la Huelga de abril de 1958. El primero participó en el asalto al Moncada y fue absuelto en el juicio donde se le juzgó. José Angel Palacios Enríquez; detenido y asesinado por fuerzas del ejército en una zona rural de su municipio.
Dos combatientes de ese terruño, inseparables en sus actividades clandestinas, perecieron durante el asalto de la policía a la embajada de Haití, el 29 de octubre de 1956: José Gregorio García Borundarena y Secundino Martínez Sanchez.
En la sede diplomática, además de ellos dos, se refugiaban algunos sobrevivientes del asalto al cuartel Goicuría, seis meses antes, en Matanzas. Eran sospechosos de haber participado el día anterior, en el ajusticiamiento del sanguinario coronel Blanco Rico en el cabaret Montmartre.
Tras la incursión de la policía en la sede diplomática y el inicio de la masacre, se activó de inmediato la resistencia de los insurgentes. Diez revolucionarios murieron. A pesar de la sorpresa y superioridad en efectivos y armamentos, cuatro uniformados recibieron heridas, entre ellos el criminal Salas Cañizares. Días más tarde murió en una clínica de la capital, víctima de los disparos, que desde el suelo y moribundo, le hizo Secundino Martínez Sánchez.
José Gregorio García Borundarena nació en Bahía Honda en 1917, en la finca Socarrás, San Diego de Núñez. En tanto Secundino Martínez Sánchez vino al mundo en 1914 en La Palma, provincia de Pinar del Río, pero desarrolló parte de su actividad revolucionaria en Bahía Honda y se le considera hijo de esa localidad, donde residió durante varios años.
Los dos eran de procedencia campesina muy humilde, abandonaron sus estudios primarios para dedicarse al trabajo y ayudar a la familia. Se opusieron a la tiranía a partir del mismo golpe de estado del 10 de marzo de 1952. Entre otras actividades en el frente de combate de la clandestinidad, estuvieron juntos en reuniones, acopio de armas, prácticas de tiro y los detuvieron en varias ocasiones. Una de las acciones de mayor connotación en la que asumieron protagonismo fue en el atentado al esbirro Rolando Mansferrer, líder de los tristemente célebres «Tigres de Mansferrer», grupo paramilitar encargado de ejecutar detenciones, torturas y asesinatos de revolucionarios. Luego de aquel intento frustrado, continuaron sus actividades combatiendo en la capital.
A pesar de sus muertes, a causa del abuso policial, resumido en una operación artera y criminal; sin restarle un apice de deshonor y perfidia a los asesinos; a José Gregorio García Borundarena y Secundino Martínez Sánchez se les puede considerar como caídos en combate. Hace 50 años enfrentaron al enemigo con heroísmo, sin claudicar, hasta el último aliento.



