Múltiples circunstancias de la vida pueden llevar a cada uno de nosotros a un asilo de ancianos. Enfermedades, soledad, dificultades económicas, la carencia de un hogar, son algunas de las historias que guardan, quienes hoy comparten un techo en el Hogar del Adulto Mayor Fidel Labrador García, ubicado en las afueras de la ciudad cabecera de Artemisa.
Hasta allí llegamos en un día nublado, pero aún el sol dejaba pasar algunos de sus rayos, para alimentar el kit solar que garantiza al menos, el alumbrado básico y el funcionamiento del televisor con algunos otros equipos, cuando no disponen de electricidad.
En un ambiente de cordialidad, casi medio centenar de adultos mayores, enfrentan una cotidianidad que se hace más llevadera por el esfuerzo perceptible del colectivo de trabajo, renovado casi en su totalidad en los últimos meses.
Yamisleidy Infante Hernández, jefa de enfermeras, se hizo eco de los esfuerzos actuales por dotarlos de mejores condiciones de vida. “Aunque el hogar fue reparado casi en su totalidad el año pasado, quedaban temas pendientes como el área para cocinar con leña: ya se techó y se están haciendo otras acciones constructivas para humanizar el trabajo en esta área”.
Explicó que hasta el momento, los pacientes cuentan con sus medicinas de base y en caso de necesitar otras específicas, las solicitan para su administración aquí o en el hospital.
Disfrutan de asistencia médica para las evaluaciones semanales y la coordinación con otras instituciones de salud, para turnos médicos o consultas, a las cuales los enviamos en el transporte propio del centro si es cerca, o en el ómnibus que traslada a los enfermos hacia la capital cubana.
Más de 30 hombres y unas 15 féminas comparten la vida en este lugar, apartado de la ciudad. Muchos de ellos no pueden valerse por sí mismos y andan en sillas de ruedas o ayudándose de andadores, de ahí la necesidad de recibir apoyo con estos implementos, aunque la enfermera asegura que hacen lo posible con lo que tienen.
También a simple vista se percibe la necesidad de apoyo con calzado, de ser posible cómodo y seguro, pues a la edad de la mayoría, las caídas suelen ser frecuentes, si los zapatos no son los adecuados. Allí se les garantiza la alimentación, con desayuno, merienda, almuerzo, merienda, comida y cena garantizados, un aspecto en el que agradecen también a quienes donan alimentos de manera desinteresada.
Además, se les facilitan dos baños diarios, para preservar la higiene. La artemiseña María Emilia Mojarena Alonso lleva cuatro años aquí y da testimonio de las mejoras experimentadas en los últimos meses, luego de la renovación del personal. “La comida está mucho mejor, el hogar se reparó y quedó muy bonito, tenemos agua, toda la atención es buena y nos tratan con mucho cariño”.
De gran aceptación ha sido la barbería, un área creada hace muy poco, con recursos que los propios trabajadores han aportado. Carlos Garay, jefe de Servicios, muestra con orgullo el área donde los pelan, afeitan, y cortan y pintan las uñas, servicios que son muy necesarios para estas personas que en su mayoría, no pueden hacérselos por sí mismas. Mientras, en el área de enfermería, planeaban otras reformas para mejorar la atención a los pacientes.
A estos detalles tangibles que los ayudan a mejorar su calidad de vida se suman otros, gracias a las alianzas con Cultura y Deporte, y al acercamiento de las organizaciones políticas y de masas, que de vez en vez le ponen un toque distinto a la vida allí, con música y baile sobre todo.
Entre juegos de dominó, alguna que otra discusión típica donde habita tanta diversidad de caracteres, más las conversaciones y la vitalidad de quienes, como Francisco, todavía presumen de hacer planchas, transcurre el día a día de los artemiseños que conviven aquí, en un espacio tranquilo, alejado del bullicio citadino, pero que requiere de múltiples miradas para no caer en el olvido.
La tercera edad desde este espacio también debe vivirse con dignidad y ello implica que cada quien haga su parte, y que muchos se sumen desde la sensibilidad, aportando lo que puedan.

Madre cubana, periodista y martiana. "Tengo fe en el mejoramiento humano, en la utilidad de la vitud, y en ti"


