A partir del 6 de junio y durante un mes y medio, la transportación de pasajeros desde el andén de la Ter[1]minal de Ómnibus de Artemisa vivió días de esplendor y reanimación.
Desde el amanecer, hasta horas de la tarde, se hizo habitual el trasiego de viajeros necesitados de trasladarse a la capital de Cuba y a otros municipios del territorio.
Fuera se veían máquinas, triciclos y camionetas, con sus choferes inquietos y preocupados por la disyuntiva de no poder botear o tener que bajar el precio del pasaje, ante la competencia planteada por los más asequibles del ómnibus estatal.
En medio de la actual contingencia energética y las limitaciones del transporte estatal, parecía imposible viajar otra vez con frecuencia y horarios estables, en las añoradas guaguas del estado y encima de eso, con precios por debajo de las ofertas de particulares.
Se pudo hacer. A tenor con la situación económica actual y en cumplimiento de las medidas orientadas por la dirección del país, la Empresa Provincial de Transporte de Artemisa (Artra), en encadenamiento con un actor económico no estatal y proveedor del combustible, logró estabilizar más de 16 viajes en el día, con ida y vuelta entre Artemisa y La Habana, Guanajay, Mariel- Cabañas, San Cristóbal, San Antonio de los Baños y Güira de Melena y más adelante una ruta a Las Terrazas.
Desde el inicio, las opiniones fueron diversas respecto a si eran estas o no, las únicas rutas demandadas por los pasajeros, si debían abrirse otros itinerarios, si era factible la frecuencia de salida y fundamental[1]mente, los precios a destino y por tramos.
Se establecieron teniendo en cuenta las sumas a invertir y los márgenes de ganancia que permitieran rentabilidad al actor privado y a la empresa, tanto para el pago de salarios como para nuevas inversiones que faciliten las operaciones.
Jhoan Hernández Pérez, director de Artra, sobre el tema, declaró: “El combustible que nos garantizan, es caro, se paga y se hace llegar a Cuba en dólares, al igual que su trasiego y almacenaje. Trabajamos por la tasa de cambio cubana y hacemos un ajuste de los kilómetros a cubrir por cada ruta y el combustible que demandan.
“En total, consumimos con las seis rutas en carretera, alrededor de 300 litros diarios. De ese análisis se derivan los precios fijados. Estos últimos parecen muy caros a no pocas personas, pero si cobramos menos en tramos, debemos subir el precio del pasaje al destino final para poder alcanzar un equilibrio y generar ganancias al suministrador del diésel y a la empresa”.
“Se han de tener cuenta además el alto costo de piezas e insumos en el mercado no estatal, que es donde podemos comprar. Un neumático cuesta 80 mil pesos, el cambio de aceite para un ómnibus Diana, requiere de 18 litros y acceder a un tanque de cinco unidades nos cuesta 15 mil pesos”.
Por su parte Claro Sánchez Donate, quien viaja dos o tres veces por semana hasta la capital, muestra satisfacción con los precios.
“Si bien es cierto que el precio del pasaje en estas rutas estatales es más alto que el tradicional, es mucho más bajo que el de los particulares. Un viaje en máquina a La Habana llegó a costar 6 000 pesos y los ómnibus de la cooperativa cobran 1 500 pesos. Cientos de pasajeros esperar el ómnibus estatal”.
Otro destino con gran movilidad de pasajeros es San Cristóbal, no exento de inconvenientes. Quienes vayan hasta el centro urbano pagan 540 pesos en el ómnibus.
“Marco temprano porque si no voy en esta guagua, tengo que pagar 1 500 y hasta 2 000 pesos por viajar en un triciclo, incómoda, o de lo contrario en un bicitaxi que cobra lo mismo.
“Los responsables del andén pueden organizar mejor los viajes a la hora de abordar. Si no alcanzo asiento en la guagua, también voy incómoda hasta San Cristóbal, al tomar los asientos los primeros en la cola, aunque vayan hasta un lugar intermedio y paguen menos dinero. Imagino que eso no le conviene tampoco a la terminal para su recaudación”, declaró Emérita López Cabrera.
Al tema, hizo referencia, Eduardo Deulofeu Gil, chofer de turno para San Cristóbal: “Es difícil recaudar los 51 300 pesos y cumplir lo exigido. Muchos viajeros no llegan al destino.
“Para recaudar lo suficiente debo cargar el carro con dos terceras partes de pasaje ida y regreso hasta San Cristóbal. No tenemos ticket ni conductor, porque encarece el viaje y algunos pasajeros tratan de pasar desapercibidos, pagan por tramo y van más lejos. Tenemos que enfrentar esas actitudes negativas”.
Cambian planes, sin dejar de rodar
Aun cuando no deja de ser una prioridad de Artra la transportación de pasajeros, desde mediados del mes de julio le fue imposible sostener las seis rutas activadas desde inicios de junio. En este sentido, acotó el director general: “Suspender los viajes de algunas rutas, de forma paulatina y luego permanente, –excepto el de San Cristóbal, con solo dos viajes e igual precio de 540 pesos y el de La Habana, que subió el pasaje de 700 a 850– fue una medida tomada ante la poca movilidad de los viajeros por las mismas. Entre otras causas por la frecuente desconexión del Sistema Electroenergético Nacional, que provocan la disminución en el flujo de viajeros”.
“Algunas rutas, como las de Artemisa-Alquízar y hasta Güira de Melena, y Artemisa-San Antonio de los Baños, no eran rentables. Lo anterior más el alza del precio del combustible, obligó a su cancelación.
Solo serán restituidas esas rutas si análisis futuros que impliquen el aumento razonable del precio del pasaje, determinan un aporte de rentabilidad aceptable”.
Con la disminución de los viajes de ómnibus estatales, volvieron a campear por sus respetos los boteros de máquinas y camionetas con desenfrenada avidez por llenar sus carros.
Con la nueva posibilidad, Artra no detiene sus propósitos de atender la transportación de pasajeros, y ruedan sus ómnibus desde San Antonio de los Baños y Alquízar hasta la terminal Lido, en Marianao, además de otra hasta Santiago de las Vegas, en Boyeros. Ambas gozan de muy buen nivel de aceptación, de lo cual da testimonio Francisco Suárez Martínez, jefe del departamento de Transporte en el Consejo de la Administración Municipal de Alquízar, quien asegura que hay estabilidad en frecuencia y horario de salida de 5: 00 a.m. y 1:00 p.m. al Lido y un solo viaje a las 6:00 a.m. a Santiago de las Vegas . Los precios respectivos son de 750 y 700 pesos.
Precisa Suárez Martínez, que persisten los planteamientos, con propuestas de abrir rutas hacia los asentamientos más poblados. Al respecto afirmó el director General de Artra: “Ese es un reclamo generalizado en el territorio, al que no le podemos dar salida con la variante de un actor estatal como proveedor de combustible, al no reportarle los dividendos suficientes. Los estudios arrojan que, si se habilitan dos salidas, la primera ida casi siempre va con muy pocos pasajeros y solo al regreso es segura la mayor movilidad de estos, en el segundo al revés. Sería entonces como dar un viaje de ida y vuelta al asentamiento con muy pocos pasajeros, lo cual no justifica la cantidad de combustible empleada. Habilitar esas rutas obligaría entonces a cobrar precios muy elevados”.
Nuevas propuestas sobre ruedas
La perspectiva más próxima pudiera ser entre Mariel y el municipio capitalino de Playa. Se proyecta constituir, fuera del municipio cabecera, la primera asociación de la provincia con una entidad de capital privado.
Está en planes crear otra Cooperada con el combustible de un actor económico no estatal y prestar servicios al turismo, al sector obrero y a la población en general. También se trabaja en la creación de condiciones para poner en funcionamiento un parque solar encargado de recargar los triciclos eléctricos.
Se espera que en cuanto sea posible, el Ministerio del Transporte entregue un nivel de combustible a la provincia, lo que dará mayores posibilidades de ampliar y diversificar la transportación de pasajeros. Mas, esa variable puede demorar, y mientras, hay que buscar alternativas, en función de mejorar el transporte de pasajeros. Para ello hay caminos y veredas por recorrer.
La Empresa Provincial de Transporte Artemisa mantiene activo el traslado de pasajeros, al encadenarse con actores económicos no estatales que les proveen de combustible.

