Julián Leal Muñoz es uno de los heridos. Le han clavado un puñal donde más le duele: en su finca Santa Ana, donde cada día persiste en producir alimentos para el pueblo. Como al resto de los campesinos cubanos, el bloqueo le ha hundido el filo del odio sobre la tierra.
Y sangra desde la voluntad inmensa que lo distingue, porque siempre ha sido hombre de soñar sobre el surco, con la guataca en la mano; le molesta que un psicópata le aleje los horizontes a su alcance, los de hortalizas, viandas y granos, incluso soya, maíz, girasol y trigo.
Ha puesto sus suelos a disposición del Instituto de Investigaciones de Granos, para trabajar de conjunto; también, con el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB).
En las 20 hectáreas de la finca perteneciente a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Frank País, en Güira de Melena, no prevalecen las quejas sino la perseverancia. Cuando le hablaron de multiplicar cerdos de capa oscura, acogió la idea sin titubear.
Pero hace ya un tiempo que la palabra combustible no suena a tractor ronroneando entre cultivos, ni a camiones cargados de viandas; ahora suele ser sinónimo de carencias y obstáculos, de planes asfixiados desde el exterior.
Duras consecuencias
Tan frustrante resulta la situación, que Julián termina su dura faena y, en lugar de irse a descansar, le dedica tiempo a este periodista para detallar cuanto sucede y las duras consecuencias de no disponer de lo necesario.
“Siempre cumplíamos el plan de siembra y producción de viandas, hortalizas y granos en nuestras 1.5 caballerías de tierras cultivables. Pero en los últimos dos años la entrega de combustibles de la CCS a nosotros ha mermado, más en estos seis meses; es casi ninguno, lo que provoca incumplir las siembras.
“Esto incide a la vez en las rotaciones de los cultivos y de la campaña. Cuando hay que realizar siembras o labores agrícolas, no hay petróleo o con qué fumigar. Y el atraso en las rotaciones y las labores reduce los rendimientos. Igual nos golpea la situación de que el riego es eléctrico, justo en estos momentos de problemas de generación.

“No podemos ejecutar todas las labores que necesitamos para la preparación de tierras: de 120 litros diarios imprescindibles para la maquinaria, hay días que solo tenemos 20… y varios en que quedamos parados.
“Cuando llega la hora de cosechar, tenemos que tomar alternativas de traslado hasta la cooperativa en carretones de caballos, así como hasta el destino final en el municipio, organizándolo con Acopio. Eso ocasiona la maduración de cultivos y pérdidas diarias.
“Otro problema es el de las semillas. Solo tenemos seguras las variedades que podemos obtener aquí: tomate nacional, algún pimiento, bejucos, frijoles y plátanos. Hoy no contamos con variedades importadas adaptables a nuestro clima y de altos rendimientos.
“En Cuba no se obtienen de zanahorias, remolachas, tomates y pimientos híbridos para casa de cultivos. En la campaña anterior llegaron algunas a través de la FAO (Programa Mundial de Alimentos), pero en cantidades insuficientes. Y una vez más incide el combustible para su traslado a refrigerarlas y las dificultades con la electricidad.
“Muchas veces ajustamos el plan de siembra por mala germinación de la semilla o atraso en el riego, que provoca pérdidas directas al campesino.
“¡De fertilizantes ni hablar! Casi no entran al país, ni insumos tampoco, por el encarecimiento, el tan difícil acceso y la escasez de divisas para comprarlos. Además, los bancos no quieren hacer transacciones con Cuba, o exigen altos intereses.
“Así que ya no tenemos asignación de fertilizantes, y trabajamos con poca materia orgánica; en estos municipios igual casi no existe.
“Buscamos soluciones con los Centros de Reproducción de Entomófagos y Entomopatógenos (CREE) de la empresa, para abono foliar y tratamientos fitosanitarios; varios institutos de investigaciones nos apoyan, pero hoy no se pueden realizar visitas y hacer prácticas, precisamente por la escasez de combustible”.
Ante los contratiempos
Este campesino güireño no es persona que se cruce de brazos. ¡Nunca! Su nombre resulta bien conocido gracias a su empeño y resultados. Ante los contratiempos, insiste en rotar cultivos, sembrar abonos verdes, incorporarle al suelo residuos de cosechas…; sin embargo, no intenta tapar el Sol con un dedo.

“Dejamos de sembrar alimentos que necesita el pueblo, u obtenemos bajos rendimientos por no tener los fertilizantes que requieren estos suelos ferralíticos rojos. El ajo, por ejemplo, alcanzó poco tamaño y fue a parar a la minindustria, lo cual influye en el precio.
“Tampoco existen aseguramientos de piezas de repuesto y, cuando se consiguen, es a un precio elevado en mipymes, que encarece el producto en 50 por ciento más allá de su valor. Las baterías, gomas, grasas, productos químicos y piezas incrementan los costos por su compra en dólares.
“Y todo esto no solo perjudica a los propietarios de fincas, sino también a los trabajadores fijos y sus familiares, que se benefician de cuanto podamos brindarles, así como afecta a los eventuales y las brigadas tan comunes hoy en día. Es una cadena.
“Encaramos un alto costo en producción con riesgo y bajos rendimientos. El campesino y los que están en su entorno sufren el bloqueo a diario.
“Aun así, nuestro sentir es continuar produciendo para el pueblo. Pero, en la agricultura, el ensañamiento del Gobierno de los Estados Unidos llega desde el surco hasta la mesa del cubano; parece el título de un reportaje, pero es la realidad”.

