Como aquella vez, enfermo de broncolaringitis, se subió a una silla en Duval-House de Madame Bolio, para hablar allá en el “nido cubano” del noble Cayo Hueso, veo también ahora a nuestro Martí encaramarse a las redes sociales para lograr la unidad en la defensa de la Patria.
Y es que hoy Martí somos todos, porque a quienes amamos este archipiélago, vivamos aquí o en otro suelo, nos corresponde impedir a tiempo que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.
Nuevamente cobran protagonismo sus palabras. Esta vez la gran mayoría del pueblo cubano está preparada para hacer pagar cara al imperio una aventura bélica. Sin embargo, además de ciertos vendepatrias y lacayos, hay no pocos ingenuos que creen en bombas teledirigidas para comunistas y en intervenciones quirúrgicas sin muertes masivas.
A ellos habrá de llegar la explicación martiana, apasionada pero concreta, estremecedora pero argumentada, como cuando el Apóstol borró las distinciones de razas o entre pinos nuevos y viejos, o cuando explicó que una república no se funda como se dirige un campamento.
¿Quién se atreve a decir que Martí ha muerto, si su llama pasó de corazón en corazón, del nacido en la calle Paula al nacido en Birán, y de Fidel a los millones de agradecidos?
¿Quién sostendrá esa fecha del 19 de mayo de 1895, si va a seguir brotando en los Gerardo, Ramón, Fernando, René, Antonio… en los 32 mártires de Venezuela, en nuestros Guardafronteras y en Díaz Canel?
Nuestro Héroe Nacional vive para advertirnos que, en esos Estados Unidos prestos a lanzarse sobre Cuba, con el pretexto inverosímil de la supuesta amenaza de 300 drones, de la presencia de asesores iraníes y bases militares rusas y chinas… en vez de resolverse los problemas de la humanidad, se reproducen.
Y agregó el 23 de marzo de 1894, en La verdad sobre los Estados Unidos: “en vez de robustecerse la democracia, y salvarse del odio y miseria de las monarquías, se corrompe y aminora la democracia, y renacen, amenazantes, el odio y la miseria”.
Martí vuelve a subirse, esta vez a la altura de mayo de 2026, para unir y alertar. Ya estamos todos los días en peligro de dar la vida por nuestro país y nuestro deber.



