En diciembre, un artemiseño desde el anonimato, nos transmitió su preocupación, por escrito y a través del teléfono 49 35-5200 de la recepción de nuestro periódico.
La inquietud se relaciona con la venta de productos en El refrigerado de Artemisa, (calle 35, detrás del cupet).
Explicaba que se vende en una pesa por kilogramos y la tablilla oficial lo mostraba en libras, preocupación que reconoce sin explicación lógica ni solución. “Es muy difícil verificar lo correcto entre pesaje y precio. Considero que deben coincidir”, refería.
Otra inquietud era que en el propio periódico “se publicó un listado de precios según la calidad del producto agrícola, allí nunca se explicó esta situación pues, aunque un producto clasifique como rastrojo si lo quiere comprar tiene que pagarlo como de primera. Los precios están tan elevados como los de la feria”, señalaba también.
La respuesta enviada por Elizabeht Camejo Laborí, jefa del Departamento de Atención a la Población del CAM, a nombre de Eduardo Luis Acosta Mora, intendente del municipio, explica que “se comprobó que los productos se comercializan y cobran acorde con el listado oficial de precios, según la unidad de medida y el cobro al cliente.
“En dicha unidad la pesa que existe es en kilogramos, siendo el dependiente quien realiza la conversión y efectuando el cobro acorde al precio del listado en libras, comprobando, además, que la pesa del lugar se encuentra certificada, para su uso diario.
“Se le señaló al administrador cumplir inmediatamente con publicar la tabla de conversión, e informar el teléfono al que la población puede llamar en caso de queja y el libro para las sugerencias, que debe ser público.
Informan también que, “con respecto a la calidad del producto y el precio a cobrar, en el momento de la visita, no existía violación, sugiriendo a la población que, de existir se denuncie en el momento en que ocurre y no hacerlo de la forma abierta y anónima donde es imposible conocer los detalles de qué sucedió realmente”, concluye.
La opinión, que ciertamente es anónima, expone una brecha a la ilegalidad. No hay transparencia entre el pesaje y la tablilla de precios. ¿Qué se resolvió? Ojalá. Buscar la diferenciación de productos con la relación de calidad precio, es obligación. Agradecemos la respuesta, aunque fuera de término.
Reclamamos nuevamente, ¡ zapatero a su zapato! Quizás la voz de quien fue señalado debía ser escuchada.
Y sí no coincidimos en darla sin razón, no solo por la premisa de que el cliente siempre la tiene.



