Cada objeto desechado guarda una historia aún por contar y para hacerlo desde el valor, se necesita experiencia, dedicación y una mirada que va más allá de lo aparente.
Iván Pérez Martínez hace más de 20 años que trabaja para ello. Desde la Unidad Empresarial de Base No Ferrosos de la Empresa Provincial de Recuperación de Materias Primas Artemisa(ERMP), con más de dos décadas dedicadas a la clasificación de los residuos de metales, ha sido testigo y protagonista de esa transformación.
En todo este tiempo ha aprendido a divisar, entre enormes montañas de escombros, aquello que volverá a ser útil con otro uso y forma.
“Empecé por los años 2000 en Caimito en la unidad de Metales Preciosos. Luego con la creación de la provincia de Artemisa comencé en esta sede en el municipio cabecera. Al principio, como todo, fue un poco difícil. Pero uno le va cogiendo el truco, ¿verdad? Aprendes a distinguir cada cosa, a saber dónde va cada material.
Y te das cuenta de la importancia de lo que hacemos. No es solo separar, es recuperar”. Así habla desde la experiencia alguien que de un vistazo es capaz de diferenciar lo que es cobre de primera, segunda… Lo mismo con el aluminio.
En la nave donde labora aparecen fardos organizados, cajuelas listas para la siguiente etapa. Su trabajo es una parte imprescindible en el ciclo del reciclaje.
Una labor que exige precisión, paciencia y un profundo conocimiento de cada tipo de material. “Es el arte de encontrar valor donde otros solo ven desecho”, asegura.
Economía en todas partes
Frente a los materiales clasificados y listos para la venta, se impone una interrogante. ¿Cómo se traducen en ganancias tantos montones de chatarra? En el complejo escenario económico que atraviesa el país, la ERMP se consolida como un pulmón financiero, vital para la provincia.
Más allá de la simple recolección, la entidad ha sabido reorientar su estrategia hacia la eficiencia, priorizando aquellos rubros que inyectan divisas frescas a la economía nacional y sustituyen costosas compras en el mercado exterior.
De acuerdo con Pedro Peñalver Sinclair, analista de datos de la empresa, los números al cierre de abril dibujan un panorama de sobrecumplimiento y solidez. La entidad ha logrado alcanzar un 105% en sus planes de exportación y un 105,5% en las ventas totales, lo que se traduce en una salud de 749 millones 374 mil pesos recaudados hasta la fecha, situándose 12 millones por encima de lo planificado.
El cobre se ratifica como el producto líder de la exportación artemiseña. Con un promedio de 149,4 toneladas (t) recuperadas, este mineral ha generado ingresos superiores al millón 522 mil pesos, consolidándose como el motor principal de los envíos al extranjero, explica el especialista.
Añadió además que el aluminio no se queda atrás, que con 172,8 t procesadas ha aportado unos 37 millones 255 mil pesos. Junto a ellos, rubros como el acero inoxidable y la chatarra electrónica completan un ciclo de recuperación que no solo limpia el entorno, sino que genera riqueza tangible.
Peñalver Sinclair sostuvo que la sustitución de importaciones es el otro pilar que sostiene su impacto social. El reciclaje de cartón, plástico, vidrio, sacos y papel, ayuda a que la industria nacional no tenga que depender de recursos foráneos, al tiempo que ahorra divisas que pueden destinarse a otras prioridades del país.
Un caso de análisis interesante dentro de la empresa, es la Unidad Empresarial de Base (UEB) de No Ferrosos. A pesar de un escenario logístico difícil que ha limitado el volumen físico (que alcanzó un 38,9% de un plan de 924 t) la gestión económica no se afecta, gracias al alza de los precios de los minerales en el mercado internacional, lo cual le ha permito a la unidad un 108% en el cumplimiento de valores monetarios, comentó José Antonio Vaillant Vera, jefe de Brigada.
Ante la escasez de recursos y las dificultades de transportación en el acopio de los materiales reciclables, la empresa se ha concentrado, inteligentemente, en la recuperación de productos de alto valor para la exportación.

El barrio da primero
En cada una de las casas de compra (UEB de Recuperación de Materias Primas) de los municipios del territorio, la empresa artemiseña encuentra sus principales proveedores. Con una labor ejemplar sobresale San Cristóbal, aunque también en la cabecera provincial en la esquina de 33 y 34, Leodanis Martínez Basallo comenta sus experiencias con el proyecto Recicla mi Barrio, en la unidad que dirige.
“Es una iniciativa nacional enfocada en acercar la recolección de materiales reciclables a la población, especialmente en zonas de difícil acceso dentro de los consejos populares y circunscripciones”.
“Desde Artemisa organizamos actividades comunitarias todos los sábados del mes, utilizando carros eléctricos para facilitar la recogida de materiales como latas, cobre, aluminio, y botellas. Estas jornadas involucran a los CDR, pioneros, y residentes de todas las edades, convirtiendo la recolección en un evento comunitario con ambiente festivo.
“Frente a la escasez de combustible, en la actualidad la recolección se realiza rotativamente, en diferentes consejos populares y circunscripciones, buscando abarcar la mayor cantidad de zonas posibles. En un sábado exitoso, se pueden recoger hasta una tonelada de latas y entre 60 y 80 kilogramos de cobre, además de otros materiales según la disponibilidad de los vecinos. Existen recicladores fijos (TCP) que participan diariamente, y una base de clientes habituales de la comunidad que varía entre 10 y 12 personas diarias, aunque puede ser mayor.”
Ahora buscan ampliarse a través del lanzamiento de una convocatoria que invita a todas aquellas formas de gestión no estatal que generan materia prima en Artemisa, a contratar sus servicios de recogida de desechos sólidos. Porque aparentemente se trata de montañas de desperdicio que afean el paisaje artemiseño. Aquí bien saben encontrar valor a los que nadie quiere ver.



