Menuda sorpresa estuvo ante mis ojos al abrir, en días recientes, las notificaciones en mi WhatsApp. Alguien, a quien después identifique como el escritor Jorge Fornet me invitaba a formar parte del jurado del Premio Casa de las Américas en el género de Testimonio.
Confieso que quede congelado con la invitación. Si algo nunca hubiera esperado yo era ser llamado para formar parte del jurado del más prestigioso galardón literario convocado en Cuba.
Dude un poco, también lo confieso. Pero acabé aceptando la invitación que me hacía el director del Centro de Investigación Literaria de la Casa, quien, de manera muy gentil y arriesgada, me aseguró: » si alguien esta capacitado para ser jurado de este premio eres tú». No volví a titubear. Terminé por creer las palabras del autor de El 71: anatomía de una crisis.
En breve recibi, vía digital, los primeros 17 libros que me tocaba evaluar. Los otros dos miembros del jurado, el venezolano Eduardo Colorida Daboin y el ecuatoriano Orlando Pérez, también recibieron los suyos.
Después de una intensa aventura evaluativa, que nos llevó a elegir seis títulos finalistas, decidimos que un libro se imponía sin discusión alguna por encima de todos los otros en disputa: Doctor Muerte Confesiones, que tras abrir la plica con el seudónimo exigido resultó ser del autor salvadoreño Carlos Santos, un escritor que, con este libro, dispara como un cañonazo al centro de la conciencia humana, luego de armar un retrato bestial de un hombre implicado hasta los tuétanos en el asesinato de Monseñor Arnulfo Romero y en el de cientos de sus compatriotas.
Doctor Muerte no es una historia más de violencia exacerbada, al estilo de las que suelen regalarnos ciertas películas y seriales plagados gratuitamente de corrupción y cadáveres. No. Es mucho más.
Es, ante todo, el retrato sin anestesia de una de nuestras «repúblicas dolorosas», El Salvador, en viejos tiempos de dictaduras derechistas. Es, en primer lugar también, un retrato periodístico profundo como un pozo negro, convincente, escrito por la brillante mano de un autor que, desde ya, debía merecer la atención de cualquier editorial prestigiosa en este mundo, no solo la de Casa de las Américas.
No se anda con panfletos ni caricaturas Carlos Santos. El siniestro personaje principal de su obra no es el clásico, roñoso, repulsivo y caricaturesco asesino que tantas veces nos vendieron el cine y la literatura.
El doctor Regalado, alias el Doctor Muerte, es odontólogo, de gestos elegantes y amanerados, cuenta su historia atroz cuando ya el peso de la vida lo ha doblado a la mitad y está tiernamente enamorado de una mujer mucho más joven que el. Un humano, en apariencia, solo en apariencia, igual a los buenos hombres. No por gusto el autor de la obra asegura: » Frente a mí solo había un hombre viejo, una figura salida de la fila de un asilo para ancianos más que de las trincheras oscuras de una guerra sucia». Y no es sólo el Doctor Muerte en su carnicería antihumana, sino cientos y cientos como él en ese país centroamericano, verdugos que la memoria de los pueblos no debería olvidar nunca.
Lo más complicado de un concurso literario es que, llegada la hora de la votación, los jueces no se pongan de acuerdo en cuanto a cuál será la obra triunfadora y comiencen entonces unos interminables dimes y diretes. No sucedió esta vez. Doctor Muerte Confesiones fue rey absoluto en el género de Testimonio del Premio Casa de las Américas 2026.
Ni a Orlando, ni a Eduardo, ni a mí nos titubeó la voz a la hora de emitir el veredicto. Si de algo estábamos seguros es que ese libro que tanto nos impresionó y convenció no es un libro para gusto de un jurado específico o de un segmento del público lector, sino una contundente opción para cualquiera que busque en un libro una historia humana capaz de estremecer la conciencia y el corazón.


