Para los Cazadores de Artemisa, la suerte estuvo echada desde la mismísima primera entrada frente a Pinar del Río, cuando Luis Pablo Acosta encontró las almohadillas repletas de Vegueros (gracias a tres boletos), y conectó un jonrón de línea por el jardín izquierdo que sentenció el partido.
Después de eso, el zurdo Daniel Alejandro García se recompuso, completó cinco episodios y solo toleró una carrera más en la cuarta entrada. Pero el mal estaba hecho.
El joven pícher logró caminar esa ruta, pese a regalar seis bases, tirar dos wild pitch y propinar un pelotazo. A fin de cuentas, le batearon apenas cuatro jits y ponchó a cuatro rivales. A Yankiel Pérez y Luis Enrique García les pegaron un sencillo per cápita y no les anotaron.
Mientras, los maderos artemiseños sumaron 13 imparables. ¿Qué sucedió, entonces? Dejaron a 12 corredores en circulación, algo que suele ocurrir más de lo aconsejable.
Otra nota preocupante radica en los grand slam. Si en torneos anteriores los favoreció una y otra vez, ahora han sido víctimas de dos batazos de esa clase en par de juegos consecutivos, pues el lunes el industrialista Ariel Hechavarría le desapareció la esférica por encima del jardín izquierdo a Yankiel Pérez, en el Latino.
Ningún lanzador planea semejante desenlace; no obstante, hay que elegir muy bien la zona donde colocar la bola, especialmente cuando están las bases llenas y un bambinazo puede cambiar por completo la decoración de la pizarra.
Por cierto, este miércoles el torpedero Dainel López alcanzó los 400 jits en siete temporadas en el béisbol cubano. En la 65 Serie Nacional de Béisbol registra un promedio de .333, con cinco dobles, un triple y tres sencillos en 27 veces al bate.
Y José Antonio Jiménez llegó a los 100 dobles en ocho campañas; en la actual compila para .385 de average. Y le han regalado ocho boletos, dos de ellos intencionales.
Este jueves, Cazadores y Vegueros se verán las caras de nuevo, presumiblemente con Yunieski García sobre el montículo por los anfitriones.

Romántico como Jean Valjean, aventurero como el Che, alguien que disfruta cuando hace un bien (como quería Martí), y aprendiz de periodista hasta el fin de mis días


