En una confortable edificación, construida en 1943, como casa vivienda de la hija del general mambí Juan Lorente de la Rosa, se inauguró el Museo municipal de Candelaria, el 29 de mayo de 1971. Desde el año 2018 y por orientaciones del Consejo Nacional de Patrimonio, cerró sus puertas, debido en lo fundamental al mal estado de la museografía, afectada por una colonia de comején. No faltaban algunos problemas constructivos del inmueble, el deterioro de la carpintería, filtraciones en la cubierta y estantes de la documentación que ponían en peligro la conservación de sus colecciones y el funcionamiento de la institución.
Trabajo en saco roto
Después de varias acciones constructivas en carpintería de ventanas, impermeabilización de la cubierta y de pagar por el diseño museológico y museográfico, hace tres años quedaron inconclusos los trabajos de reparación.
Las ventanas, aún sin la colocación de las jambas, se mantienen en buen estado; sin embargo, retornaron las filtraciones de cubierta en una de sus salas y luego de ocho años, el museo permanece cerrado, almacenadas las colecciones de piezas y la documentación.
Por razones obvias no se montan exposiciones ni se ejecutan trabajos de conservación especializada. En esas condiciones se mantiene el personal de la institución realizando el trabajo metodológico, dentro y fuera de la misma, según requiera la programación.
Valores patrimoniales en riesgo
María Josefa Zamora Martín inició allí su vida laboral en septiembre de 1982, con solo 18 años de edad, apenas terminados sus estudios preuniversitarios. Ha sido ese su único centro laboral. Comenzó como veladora, fue técnica, estudió Museología en Pinar del Río y más adelante se graduó de Licenciatura en Estudios Socioculturales. Por más de 20 años es la directora del Museo municipal de Candelaria.
Fefita, como se le conoce, sabe las limitaciones económicas del contexto actual del país, que no permiten la terminación de los trabajos de reparación y hace todo lo posible por resguardar sus colecciones y sostener el trabajo metodológico con la mayor amplitud y calidad posible, hasta tanto se pueda terminar la reparación y reabrir la institución.
“Antes del cierre en 2018 tratamos de crear todas las condiciones factibles para almacenar las piezas en un local, con garantías de seguridad y la documentación se trasladó al Salón de Reuniones. No hemos tenido pérdida de ningún tipo, pero tampoco contamos con todos los requisitos para su adecuada conservación y corren riesgo de deterioro, en caso de mantenerse durante un tiempo más bajo esas mismas condiciones.
“Hoy, los pioneros y estudiantes del municipio no tienen posibilidad de conocer y disfrutar de una valiosa colección en nuestras salas, entre ellas las evidencias del sitio funerario aborigen de la Solapa de Soroa, encontrados en 1944 por René Herrera Feitó, restos de una esclava y cuentas de su collar, localizados en el cementerio esclavo del cafetal San Ramón de Aguas Claras, sables y armas que pertenecieron a mambises de Candelaria, las estrellas en oro de los grados del general Lorente de la Rosa, un violín y el Disco del mismo metal que ganó el músico local Enrique Jorrín con su canción La Engañadora.
“Tenemos también bonos, banderas y brazaletes del Movimiento 26 de Julio, faroles, objetos empleados durante la Campaña de Alfabetización y otros elementos pertenecientes a víctimas de la lucha contra bandidos”, explica.
En mejores condiciones de conservación está el esqueleto de un esclavo, único de su tipo en Cuba, recogido en el cañón del Río Santa Cruz, por un grupo de espeleólogos, hallazgo en el que tuvo protagonismo el investigador local Lázaro Fiallo Come, recientemente fallecido. Se encuentran en calidad de depósito en el estudio del doctor Sergio Márquez Jaca, Especialista de II Grado en Medicina General y espeleólogo; quien aprovecha el impás del museo, para retomar el estudio de la osamenta y aportar nuevos resultados.

El Doctor en Ciencias Jorge Fredy Ramírez Pérez, fundador y primer director de la institución, laboró en ella durante 12 años, entre 1981 y 1993. Reconoce el valor historiográfico de la colección de documentos, de los que dejan una huella del trabajo metodológico de ese centro y también de la papelería original con posibilidades de triple utilidad: como fuentes de referencias, para la reconstrucción de temas históricos y con fines museológicos para su exposición en salas.
“Dentro de estos documentos originales hay manuscritos, fotografías y mecanuscritos. Resalta una colección en varios tomos de las juntas electorales del municipio, durante todo el período de la República. El museo fue punto de partida de varios trabajos teóricos y de campo que sirvieron de antecedentes a una investigación mas profunda, resultado de la cual se publicó el libro Los cafetales de la Sierra del Rosario, clave para la recuperación de las ruinas de varios cafetales de ese enclave”, aclara.
Presupuesto y museo por caminos diferentes
En los últimos años muchos han sido los cambios y desde el departamento de Patrimonio de la Dirección Provincial de Cultura, la orientación es que el municipio es quien debe asignar el presupuesto para el museo, más Niurka Cabo Delgado, intendente, explicó que es demasiado estrecha la asignación de presupuesto anual para ejecutar gastos, y este se destina con prioridad a instituciones de Salud Pública y Educación.
Sin faltar razones a las partes, mientras se mantenga cerrado el Museo municipal de Candelaria, se incrementa el riesgo de deterioro de un trabajo que ya se hizo, se puede perder una parte de su valiosa colección, se le seguirá negando a los habitantes la posibilidad de apreciar una porción invaluable de su patrimonio y lo que es peor, el comején de la falta de presupuesto irá cobrando cada vez más espacio, hasta devorar un fragmento de la memoria histórica de Candelaria. Ojalá cuando reabra no haya que decir: “demasiado tarde”.


