Hay números que no caben en una hoja de balance, porque desbordan la contabilidad y se estrellan directo contra el pecho. Cuando un documento oficial certifica que en apenas doce meses —entre marzo de 2025 y febrero de 2026— el cerco económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos provocó a Cuba pérdidas por más de 8 083 millones de dólares, el dato quizás impresione por su magnitud macroeconómica.
Pero cuando esa misma estadística se traduce en rostros, en camas de hospitales y en noches a oscuras, el frío tecnicismo de la palabra «embargo» se disuelve para revelar su verdadero nombre: un acto deliberado de guerra económica, un castigo colectivo tipificado por el Derecho Internacional como genocidio.
El más reciente Informe de Cuba sobre la Resolución 80/4 de la Asamblea General de las Naciones Unidas no es un catálogo de quejas; es el expediente acusatorio más demoledor que haya documentado la diplomacia cubana. En él se describe cómo la asfixia dejó de ser una presión pausada para convertirse en un estrangulamiento quirúrgico.
Desde enero de 2026, la administración estadounidense puso en marcha un cerco energético feroz: con órdenes ejecutivas concebidas para aterrorizar a las navieras y penalizar con aranceles a cualquier nación que suministre combustible a la Isla, Washington logró cortar las arterias vitales del país. La consecuencia no es abstracta: apagones que superan las veinte horas diarias, bombeos de agua paralizados, industrias detenidas y un transporte público reducido a su mínima expresión.
Sin embargo, el rostro más atroz de esta política se ensaña con la vida misma. ¿Cómo puede alguien en Washington conciliar el sueño sabiendo que la tasa de supervivencia de los niños cubanos con cáncer cayó del 85 % al 65 % por falta de citostáticos e insumos que las farmacéuticas no se atreven a vender a Cuba, por miedo a las multas de la OFAC? ¿Cómo justifican que más de 100 000 pacientes —entre ellos 12 000 niños— permanezcan en lista de espera para una cirugía porque las salas quirúrgicas carecen de anestésicos básicos, suturas o fluido eléctrico estable?
De los 395 medicamentos que componen el cuadro básico nacional, 300 están en falta o en falta crítica, porque a los laboratorios cubanos se les prohíbe comprar materias primas, o porque más de treinta bancos internacionales cancelaron operaciones financieras con la Isla, tras su infame inclusión en la lista de supuestos estados patrocinadores del terrorismo. Que la mortalidad infantil haya ascendido a 9,9 por cada mil nacidos vivos no es una fatalidad climática ni una ineficiencia administrativa: es el saldo directo de una política calculada para infligir condiciones de existencia orientadas a la desesperación y el colapso social.
Bajo la Convención de Ginebra de 1949, provocar deliberadamente la privación de bienes esenciales para la subsistencia de una población civil con fines de dominación o sometimiento político encaja milimétricamente en la definición de genocidio.
Lo que sufre el hogar cubano cuando se echa a perder la poca comida en el refrigerador, por falta de corriente; cuando una ambulancia no llega a tiempo por escasez de diésel, o cuando un anciano no encuentra su pastilla para la presión, no es un efecto colateral: es el objetivo del plan.
Frente a esta barbarie, se pretende culpar a la víctima. Se acusa a Cuba de ser una «amenaza» a la mayor superpotencia militar del orbe, pretendiendo ocultar que más de 7 000 contenedores con alimentos y fármacos permanecen varados en puertos extranjeros por la intimidación extraterritorial a las líneas marítimas.
El mundo no puede normalizar esta crueldad ni contemplar en silencio lo que amenaza con convertirse en una tragedia silenciosa. La comunidad internacional, que año tras año vota abrumadoramente en la ONU contra este cerco, tiene que dar el paso de la condena moral, a la exigencia perentoria.
Cuba no pide privilegios ni dádivas; reclama su derecho inalienable a respirar, a comerciar en igualdad de condiciones y a labrar su destino sin una bota sobre el cuello. Es hora de decirlo con toda la fuerza del Derecho y de la dignidad humana: el bloqueo no admite reformas ni pretextos diplomáticos. El asedio genocida contra el pueblo de Cuba tiene que cesar de inmediato y sin condiciones.
Madre y periodista full time 😉

