Toda la cuadra fue a recibir a Andy, al medallista de bronce en los VI Juegos Panamericanos de la Juventud Sorda, disputados en Guayaquil. Todos querían felicitar al jugador de tenis de mesa de 13 años de edad, que ganó una medalla entre casi 20 muchachos de 14 a 18 años.
Se nota que lo quieren. En los besos, en los abrazos, en las manos que estrecharon al chico de Artemisa, había un mundo de admiración: a su lucha para imponerse sobre su discapacidad, a su bregar para vencer rivales en Cuba y más allá, a su talento raqueta en mano.
Le cantaron ¡Felicidades! Le corearon un bombochie. Y le dijeron que continuara preparándose para metas más altas. De hecho, en junio del año próximo, le espera el Campeonato Mundial Juvenil, en Turquía, pero este jueves tocaba celebrar, reír, contarles lo vivido a sus muchos amigos.
Juntos, la Dirección Provincial de Deportes, la filial de la Asociación Nacional de Sordos de Cuba y los vecinos del barrio, le devolvieron a Andy Amador Martínez ese ambiente familiar que solo se vive en casa, en la cuadra, con sus padres, su entrenador y su gente de todos los días.
Hubo cake, refresco, galletas con pasta, croquetas, globos, bromas, risas y un sinfín de fotos. A la medalla de bronce en la modalidad de doble mixto y al quinto lugar en la lid individual, Andy puede sumarles un premio que vale oro: el cariño de quienes estuvieron al tanto de cada juego, de quienes volverán a golpear la pelota con él en el partido por sus sueños.

Romántico como Jean Valjean, aventurero como el Che, alguien que disfruta cuando hace un bien (como quería Martí), y aprendiz de periodista hasta el fin de mis días



