Cuando ya el cielo se había puesto negro como ala de toti y los relámpagos y truenos azotaban sin piedad la tarde, un pequeño se asomo a la casa de mi vecino para pedirle la pelota de fútbol que había caído en su patio.
Mi vecino le dio permiso para tomarla y, de paso, le recordó seriamente el tremendo peligro al que se exponía al jugar junto a otros niños debajo de aquella andanada de descargas eléctricas. Sin hacerle demasiado caso al sabio consejo, el muchacho retorno a su juego.
Estamos hoy en camino de un gran acontecimiento planetario: el Mundial de fútbol, el máximo evento deportivo entre todos los eventos, y de un verano que, pese a cualquier carencia material, despierta siempre sobremanera el entusiasmo de niños, adolescentes y jóvenes en cualquier parte de Cuba.
El fútbol, ahora en su máximo fervor, a la cabeza de otros deportes, levantan hasta el cielo el deseo veraniego de entrar lo mismo a un terreno que a una cancha o una instalación deportiva o recreativa de cualquier tipo.
Es el síntoma del verano en toda su expresión y es la vida latiendo con toda su sabrosa energía.
Pero, ¡cuidado!, porque también es preciso un poco de orden y seguridad a ese entusiasmo, no sea que la alegría de la fiesta termine por regalar algún trágico desenlace si no tomamos las medidas y precauciones necesarias ante el peligro.
Sucedió más de una vez, y no muy lejos de nosotros. En el terreno de béisbol de Ceiba del Agua, muy cerca de mi antigua vivienda, una descarga eléctrica casi pulveriza la vida de varios niños que jugaban impunemente sobre la grama de aquella instalación deportiva.
Si a estos críos los pudo salvar un milagro, en otro estadio de un municipio vecino, bajo las mismas rabiosas condiciones atmosféricas, no sucedió igual. Hubo que lamentar la pérdida de un pequeño, tragedia que lleno de dolor eterno a toda una familia. Y no han sido los únicos casos de pérdidas humanas por este tipo de irresponsabilidades.
Ya está aquí el verano. Ya está aquí el Mundial de Fútbol y, por estas razones, la alegría juvenil, contra viento y marea, es infinita. Y lo será durante los próximos tres meses…al menos.
Sin embargo, es justo tomar cuanta precaución sea posible…y no solo en los estadios oficiales y en los improvisados, sino en cualquier espacio expuesto a la cólera de la naturaleza.
El verano ya es una realidad y deberá ser juegos, alegrías, fiestas, fervor deportivo, encuentros entre amigos…, Pero nunca tragedia que pudo evitarse fácilmente.
A los padres, mucha atención. Que cuando el cielo lance sus brutales rayos y el agua y el viento arrecien, tengan la seguridad de que sus hijos, desde hace rato, ya están en lugar seguro.



