Está demostrado: hay personas que no tienen corazón, y pueden vivir así. Poseen el órgano del aparato circulatorio, pero no el de la sensibilidad, no el proclive a conmoverse, el incapaz de negarle a un niño los insumos necesarios para una operación que puede salvarle la vida. Son los Trump, Marco Rubio y compañía.
Pocos actos suelen ser tan crueles como las vilezas cotidianas del bloqueo del Gobierno de Estados Unidos contra Cuba. A ellos nada parece despertarles gestos de humanismo. Mientras, en este pedazo de tierra, hay madres que no debieran padecer su maldad.
Deneyis Aguilera Chirino estudió Bibliotecología. Su esposo, Yoandry Carrión Izquierdo, se inclinó por la Termoenergética. Viven en Mojica, Mariel. Querían tener un hijo y, como ella no lograba concebir, tuvo que atenderse en la consulta de infertilidad en el Hospital Ginecobstétrico Eusebio Hernández (Maternidad Obrera).
“Cuando al fin salí embarazada fui la mujer más feliz del mundo. Pero al cumplir cinco meses, mediante un ultrasonido diagnosticaron que el bebé venía con una tetralogía de Fallot: son cuatro defectos en la estructura del corazón. Ese día se me unió el cielo con la tierra”.
Ganas de vivir
La mamá de Taylor Carrión Aguilera nunca se rindió. “Pese a que muchos me aconsejaban abortar, decidí que no. Pasé mucho hasta las 37 semanas, cuando me tocó ir al Hospital Materno Infantil Ángel Arturo Aballí, para estar cerca del Cardiocentro Pediátrico William Soler en cuanto fuera dar a luz. Allí todo fue una maravilla, aunque estuviera lejos y mi familia pasara trabajo para verme.
“A las 39 semanas y pico me indujeron el parto, porque el niño estaba bajando de peso. Me asusté un poco, ante las pocas esperanzas de vida de mi hijo. Y nació. No lo pude cargar, pero lo vi tan lleno de vida que todo lo que me dijeron se me olvidó.
“Por la tarde la doctora Kati fue a la sala y me dijo que estaba respirando sin aparatos y alimentándose bien. Me puse feliz; mi niño tenía ganas de vivir. A las cuatro horas lo trasladaron para el Cardiocentro.
“Como yo no podía, mi suegra se fue con él. Lo subieron a Terapia Intensiva, le hicieron los estudios de rutina y, al día siguiente, lo pasaron a Terapia Intermedia. Al tercer día me llevaron con mi hijo, y ahí estuvimos tres días más, porque era fin de semana.
“Luego nos trasladamos a San Antonio de los Baños, al hospital de cabecera, y de ahí para la casa, a donde Liudmila Rodríguez, la doctora de mi consultorio, no dejó de ir ni un día, siempre pendiente de mi hijo y de mí.
“A pesar de la cardiopatía de Taylor, él nunca se ha puesto cianótico ni se sofoca mucho. Ha hecho su vida como un niño normal. Le gusta jugar con otros niños y al fútbol con su papá, andar en el teléfono, comer espaguetis, pizzas, galletas dulces, helados… y la leche no le puede faltar.
“Lo único que deseo es que pueda ser operado, para no tener la incertidumbre de que algún día vaya a tener algún síntoma de esos.
“Siempre me han dicho que lo cuide de coger catarro y lo llevo al pie de la letra, como también le doy su medicamento (Propanolol) tres veces al día. Solo una vez me cogió neumonía, porque estaba en el ambiente. Estuvo ingresado esa vez y en diciembre del año pasado, para un estudio en el William Soler.
“Mi niño no es enfermizo. De chiquitico sí se empachaba a cada rato; a medida que creció, no le pasó más. Asiste a consulta al Cardiocentro cada tres meses y una vez al mes a San Cristóbal. Tiene puestas todas sus vacunas”.

Retraso por una mala pasada
Yamile Laza, jefa del Programa de Atención Materno Infantil (PAMI) en Artemisa, comenta en torno a lo sucedido con Taylor Carrión Aguilera, el pequeño de Mariel a quien diagnosticaron esa cardiopatía congénita compleja, aún dentro del útero de su mamá.
“La mamá decidió continuar con el embarazo, y el bebé nació a término, el 23 de enero de 2023. Desde el inicio fue atendido por la red cardiopediátrica en la provincia y, por su complejidad, también en el Cardiocentro Pediátrico de referencia nacional: el Hospital William Soler.
“Esta enfermedad es operable a partir del primer año de vida, cuando la supervivencia al acto quirúrgico resulta mucho mayor. Sin embargo, ha sido pospuesta por problemas con insumos y recursos necesarios para su tratamiento, tanto quirúrgico como rehabilitatorio.
“El retraso de su cirugía se debe, esencialmente, a la falta de insumos imprescindibles para la sustitución de las válvulas, las cuales no podemos adquirir por el bloqueo.
“Taylor es uno de los tantos niños en el país a los cuales esa política hostil les ha jugado una mala pasada. Aun así, organizaciones mundiales y del continente, como la Organización Panamericana de la Salud (OPS), asumieron el costo y la cirugía de algunos de estos infantes en otros países; en el caso del marieleño, en España. Pagarán incluso el costo del pasaje de los padres.
“Acciones como estas siempre las vamos a agradecer, porque salvan la vida de esos pequeños. Pero son cirugías y procederes complejos que nuestros profesionales de la salud están capacitados para realizar en el territorio nacional; solo que se nos impide la compra de lo requerido”.
Lo principal: la vida de un niño
Deneyis Aguilera revela que, al momento del estudio, el cirujano decidió no operar a Taylor tan pequeño, por temor a afectarle la coronaria. Sabe que ahora sí es preciso hacerlo… y que no han querido abrumarla con el contratiempo de no poder intervenirlo aquí, porque el Gobierno de Estados Unidos no le quiere vender a Cuba las válvulas imprescindibles.
“Es una actitud muy inhumana. Nos está afectando a todos y principalmente a los niños, que no tienen culpa de nada. No le deseo mal a nadie, pero ese Trump no merece vivir; qué hijo de… Por supuesto, el karma existe. De cualquier manera, los cubanos siempre salimos adelante”.

Ella comenta que, al final, el Estado cubano ha pasado por encima de esa actitud ruin y mezquina: como no puede ser aquí, han buscado la manera de solucionar lo principal, que es salvar y mejorar la calidad de vida de un niño.
También confiesa tener un poco de miedo. En realidad, la operación será muy compleja. “Me lo han dicho los médicos. Aunque me han dado esperanzas, como mi niño, muchos otros han sido operados.
“Estoy muy agradecida. Sé que el Estado y los profesionales de la salud cubanos han hecho hasta lo imposible por él. Quisiera señalar especialmente, al Doctor Eugenio Selman, director del Cardiocentro; a Marlene, otra cardiopediatra del William, al doctor Carlos y las enfermeras. Que no se me queden los médicos del Aballí; Jose, cardiopediatra de San Cristóbal, la genetista Alina Marrero y Liudmila, la doctora de mi consultorio.
“Y, si puede, no deje de mencionar a la Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas de Mariel, que pone a mi disposición el transporte para cada turno del niño”
Son múltiples en ese afán por la vida, como en un “todos para uno”. Ciertamente, hay personas que no tienen corazón, y no les incomoda vivir así, pero hay otros que tienen un corazón gigante donde caben los sueños de infinidad de madres y niños.

