Dayan García, capitán de los Cazadores de Artemisa, lo confirmó: “el primer jonrón es hoy, aquí, en el desfile del Primero de Mayo, cumpliendo nuestro deber en un día importante también para el deporte cubano”.
Por eso llegaron temprano y, a pesar de que apenas amanecía, hubieron de abrirse paso entre la multitud para pasar frente a la tribuna en el bloque inicial, pues debían regresar al entrenamiento: mañana debutan en la IV Liga Élite de Béisbol.
Y, por supuesto, el líder del conjunto habló sobre la responsabilidad del equipo de representar a Artemisa. “Tenemos muy buenas perspectivas. Estamos bien preparados, así que pueden esperar lo mejor de nosotros”.
Entonces, unidos en torno a Yulieski González, su director, desfilaron con el orgullo de saberse defensores de la Patria, porque hoy su misión es ofrecer el mejor espectáculo al pueblo.
Al propio Sindicato de la Educación, la Ciencia y el Deporte pertenece Caridad Tay Pedroso. Ella bien sabe de impartir justicia. Muchas veces ha sido aplaudida por su precisión al apreciar una jugada o aplicar una regla.
Hoy esta célebre mujer, árbitra internacional de béisbol 5 y entrenadora de béisbol, también tiene la certeza de decidir por la Patria; por eso acudió al desfile del Primero de Mayo.
“Estoy muy agradecida a la Revolución. No podía faltar mi paso al frente y un sí por la Patria. Es el sentir de cada cubano, de cada piel y cada pedacito de nuestra tierra. Vinimos a reclamar que prevalezca la paz y no haya intervención militar en nuestro país”.
Entretanto, Yoleidy Pérez, la secretaria del Sindicato Provincial de la Educación, la Ciencia y el Deporte, insiste en que son muchas las razones que los convocaron al desfile por la Avenida 28 de Enero, frente al histórico Mausoleo a los Mártires de Artemisa.
“Tenemos varias razones. Pero la principal es celebrar el Centenario de nuestro Comandante en Jefe, y llenar las calles de alegría y colorido para defender nuestra Patria, porque nosotros sí llevamos el legado que de la Patria se defiende; nos lo dejó Fidel y lo vamos a seguir”.
Lo dice con pasión y la voz se eleva como para que la escuchen a 90 millas. Sabe la fuerza de millones de personas a una sola voz, esa que habla de paz, pero no de miedo; de convivencia civilizada, no de sumisión; de evitar la guerra, pero de tomar un fusil si fuera necesario.



