Cuando en su Santiago natal le dieron la posibilidad de cumplir el Servicio Social en Mayabeque o Artemisa, el joven recién graduado en Medicina, Ibrahin Vidal Montesino, no lo pensó dos veces y optó por elegir el segundo territorio.
Al parecer el nombre de esta provincia le sonaba demasiado fuerte en la memoria, pues los hechos del 26 de Julio de 1953 habían establecido, para siempre, lazos verdaderamente indestructibles, entre la Ciudad Heroína y los jóvenes revolucionarios artemiseños que acompañaron a Fidel en aquel asalto histórico.
El doctor Ibrahin Vidal es la imagen viva del buen trato. Nada parece alterarlo mientras va de un lugar a otro del policlínico Flores Betancourt, en Caimito, y atiende a los pacientes, que no dejan de llegar a ninguna hora del día y la noche a la consulta de guardia.
Entre estos ir y venir, se detiene unos minutos para seguir la conversación con nosotros, que debió interrumpirse porque alguien reclamaba su atención inmediata: un niño con asma, un anciano adolorido… y hasta otro anciano con un hipo insoportable.
Pide disculpas al periodista por las tantas ocasiones en que debe retirarse. Simplemente le respondo: “vaya, doctor, vaya y atienda a los pacientes, tengo para la entrevista todo el tiempo del mundo”.
Con cada palabra suya, voy armando el retrato de este joven galeno, procedente del barrio de Altamira y ahora asentado como médico de familia, en el consultorio número 4 del Central Habana Libre, aunque en verdad brinda servicios en otro más, ubicado en este mismo sitio y en otro enclavado en el Consejo Genético Oeste.
Atiende el Programa de Atención Materno Infantil (PAMI) y comparte labores diversas con la enfermera Yudelka María Ruiz León, mientras que en el policlínico del casco urbano caimitense puede realizar hasta siete u ocho guardias al mes. Si de su compañera de trabajo opina lo mejor, del resto de las enfermeras la opinión es semejante.
“El personal de enfermería, además de estar bien preparado, trabaja con el corazón. Se ayudan, cubren el puesto de la que falta por algún problema personal. Y espero que siempre sigan así. No podría pasar por alto tampoco el trabajo de los laboratoristas, con pocos recursos a mano, pero imprescindibles a la hora de concretar un dictamen para el paciente”, asevera.
No esconde la realidad de hoy en cuanto a la escasez de recursos médicos; pero no siente justo culpar a los médicos, enfermeras o personal de dirección por estas carencias, pues además de estar excelentemente preparados, son capaces de unirse estrechamente a la hora de enfrentar un caso complicado que llega en busca de atención urgente.
Del barrio donde hoy reside en el Central Habana Libre, reconoce el carácter familiar y humilde de los allí residentes, capaces de dar desde un poquito de café hasta lo que no tienen.
¿Su horario de servicio a la población, doctor?, le pregunto ingenuamente y responde: “yo vivo en la parte de arriba del consultorio y me tocan a la puerta en cualquier horario, aunque sea de madrugada. Eso no me molesta nunca. Yo estoy para servir a los demás. No tengo tratos preferenciales, no espero beneficios, a todos los atiendo por igual”.
Al volver su mente a su querido Santiago, recuerda que, antes de ser lo que es, quiso ser economista, porque los números lo apasionaban; pero cedió finalmente al deseo de sus padres, Odalis e Ibrahin, eternos enamorados de la idea de contar con un médico en la familia.
“Cuando empecé en la Facultad Juan Bruno Zayas confronté problemas personales y decidí abandonar los estudios después de concluir el primer año. Cuando me reincorporé, ya era una persona completamente distinta. Poco a poco me fue gustando la medicina y en ella pienso quedarme para siempre”.
Al preguntarle por su especialidad favorita, me cuenta que primero debe graduarse de Médico General Integral (MGI) para después optar por la vertiente que realmente lo cautiva: la ortopedia.
Esta preferencia nació durante sus días de guardia en Santiago, cuando un grupo de residentes en tal especialidad lo llamaban a sus consultas y le impartían clases y conocimientos sobre la materia, al punto de hacerlo enamorarse para siempre de esta elección.
A Ibrahin lo conocí en julio de este año, mientras Caimito se afanaba en los preparativos por el acto provincial del 26 de Julio. Entré a su consulta a tomarme la presión y conversamos como dos viejos conocidos. No imaginaba entonces que, en breve tiempo, habríamos de convertirnos en entrevistador y entrevistado.
Por esos milagros de la vida, resulta que este joven ha estado siempre muy cerca del periodismo: su padre fue, durante largos años, chofer de la emisora CMKC y considera a la destacada periodista Betty Beatón como una suerte de segunda madre.
Cuando le pregunto por esos modelos profesionales que todos deseamos seguir, no piensa dos veces para decirme: “tenemos en Caimito muy buenos médicos; pero mi modelo a seguir es el doctor Pedro Linares, excelente persona y profesional. Basta que el paciente entre a la consulta y comience a conversar con él, y ya se siente mejor. Yo lo tengo como el ejemplo que quisiera seguir”.
Asegura que, aunque se siente satisfecho del consultorio donde reside, le gustaría poder contar con un ventilador y un televisor para que la vida le sea un poco más llevadera.
No obstante, no parece ser un hombre de muchos lamentos. No levanta la voz ni gesticula. Trabaja duro y en bien de los otros. Nos trajo desde Santiago la inmensa gallardía de los seres de aquellas tierras y aquí, en el sitio donde plantó segunda casa, ya es otro nombre a querer y respetar por el pueblo.
Ibrahin, junto al también joven médico Leandro León López, asentado en un consultorio del Consejo Costa Norte, han venido a representar a un fragmento de Cuba que los artemiseños siempre han sentido muy cerca de sí.
Han venido a representar un fragmento de Patria donde nacieron tantos seres que un día se pusieron al servicio del deber: José María Heredia, Mariana y los hermanos Maceo, Guillermón Moncada, Frank País… y donde nuestro José Martí y los moncadistas artemiseños murieron y quedaron, para siempre, en la parte más hermosa de la Historia de Cuba.


