Justo en el momento más necesario, escuelas de Bahía Honda contribuyen con la recogida de café, al punto de que 20 alumnos y tres profesores de la secundaria urbana Eduardo Panizo han cosechado ya 240 latas, algo más de tres toneladas de café cereza.
Desde el 18 de octubre y hasta el domingo 1 de noviembre, los muchachos y sus profes se alojaron en el campamento Rancho Canelo, para dedicarse a recolectar cuanto grano maduro fuera posible.
Según Carlos Espinosa Piedra, director de la Empresa Procesadora de Café, Luis Bocourt, la situación del país aconseja que el período sea de 15 días: suben un domingo, al siguiente reciben la visita de los padres, y el próximo regresan, en el mismo transporte de los que se incorporan.
El directivo aseguró que incluso los padres se sumaron a la recogida, y aludió a la actividad celebrada el sábado, con carne de cerdo, dulces, refrescos y reconocimiento para los más destacados durante la etapa.
Comentó que el campamento tiene capacidad para 70 personas, con literas muy buenas y colchones que pronto sustituirán por otros más confortables, también con la protección de una enfermera y paneles solares.
Gracias al empleo de la energía fotovoltaica, el refrigerador garantiza la conservación de los alimentos, de fármacos básicos y de la muestra testigo, y disponen de un televisor para usar con memorias USB en esa zona de silencio, añadió.
Les ofrecemos desayuno con leche saborizada y pan, merienda, y en las comidas arroz, viandas y plato fuerte variado, como picadillo, jamonada, croquetas o carne de cerdo, detalló.
“A Educación solo le cobraremos aproximadamente el 50% de los gastos (del arroz, los coditos y la leche); ni el petróleo ni el camión que los transporta.
En cambio, le pagaremos a 500 pesos la lata de café, y ese valor que generen se convertirá en dinero o recursos para la escuela”, señaló el directivo.
“Los centros mixtos José Martí Pérez, del Morrillo y Camilo Cienfuegos, de Harlem, relevan a los primeros estudiantes y profesores. Después, se evaluará si es necesario movilizar a otros”, advirtió.
Romántico como Jean Valjean, aventurero como el Che, alguien que disfruta cuando hace un bien (como quería Martí), y aprendiz de periodista hasta el fin de mis días



