En ese afán por encontrar una solución ante cada problema, más de 300 innovaciones han nacido del ingenio y la consagración del marieleño Abel Sotero Rondón, durante 34 años de constante hacer.
La Central Termoeléctrica Máximo Gómez Báez, donde laboró una década y media, fue una escuela para Abel, quien comenzó a innovar desde los 20 años. “Surgí de ese gran movimiento con el que cuenta la planta”, asegura y recuerda entre los trabajos de mayor impacto “la recuperación del sistema de giro de los cargadores rusos, una de las partes más vulnerables de estos equipos. Hice, además, muchas piezas y dispositivos para distintas áreas de la termo”.
Luego, en la Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas (Emce) también tendría la oportunidad de brindar sus aportes en este campo, como jefe de Taller de Equipos Propios; mientras que, los últimos 13 años los ha dedicado a la Empresa de Construcción y Montaje Mariel, entidad enclavada en la Zona Especial de Desarrollo, donde se desempeña como jefe de Maquinado en la Unidad Empresarial de Base Talleres.
Lo que bien se aprende no se olvida, versa el refrán; no obstante, para Abel –graduado de Tecnología en Maquinado y Corte de Metales en el Instituto Politécnico Primero de Mayo, de Pinar del Río- superarse es una premisa. Manifiesta su preocupación por la formación de nuevas generaciones, ya que según refiere actualmente solo él ejerce esta especialidad en el municipio.
En los próximos días presentará cuatro trabajos en el Fórum de Ciencia y Técnica de su empresa, que cuenta con un total de 123 aniristas. Entre estos destaca la construcción del reductor del sistema de giro de la Bomba MAN, conocida como «el elefante blanco.»
“Adquirir este reductor en el exterior costaba 13 000 euros, más todos los gastos en los que se debe incurrir asociados a la importación. Gracias a nuestros conocimientos y a un grupo de 13 compañeros que participamos en esta innovación logramos construir las piezas del reductor”, explica.
“Todos los años presento innovaciones; he llegado hasta el nivel nacional. Me interesa encontrarle solución a las cosas, y siempre consulto con mis compañeros, porque uno debe hacer tormentas de ideas a la hora de dar una solución, mediante cualquier trabajo que se vaya a hacer. De esa forma, también se le ahorran divisas al país”.
Ante la interrogante de si podría seguir el curso de su vida profesional, sin las innovaciones, responde. “Ya eso está en mi ser. Además, nuestro país, no solo ahora, de siempre, ha tenido dificultades para adquirir algunas cosas, y aunque parezca que no, ya uno no anda pensando en comprarlas, sino, en darles solución por nuestros propios medios; por lo menos yo pienso así. Todos mis equipos están funcionando gracias a que nosotros mismos los reparamos y ponemos en marcha. En mi taller no hay ningún equipo parado”.
Para Abel, buscar alternativas y resolver con los recursos disponibles es una práctica necesaria; convierte así cada oportunidad en una motivación para innovar.



