Nuestras costas son testigos de transformaciones que no pueden ignorarse: el cambio climático no es una amenaza distante. Ante esta realidad, especialistas, instituciones y pobladores han de desarrollar acciones para proteger los ecosistemas costeros y fortalecer la capacidad de respuesta de quienes habitan estas zonas.
Una de esas iniciativas es el proyecto Marea Verde, que se implementa en dos comunidades de la provincia: Playa Guanímar, en el municipio de Alquízar, y Henequén Viejo, en Mariel.
Precisamente, el proyecto se titula, “Apoyando soluciones de adaptación al cambio climático, con base en ecosistemas y comunidades en los municipios de Alquízar y Mariel”, y al frente del mismo se encuentra Shira Fernández Riquenes, especialista principal del Grupo de Ecosistemas Marinos del Centro de Estudios y Servicios Ambientales de Artemisa (Cesaart), institución ubicada en el área protegida Sierra del Rosario, más conocida como Las Terrazas.
“La propuesta está inscrita en el Programa Territorial de Cambio Climático y surge como un proyecto sombrilla del proyecto internacional Mi Costa, que se desarrolla en Güira de Melena, específicamente en Playa Cajío”, asegura la especialista.
Ambas experiencias comparten una misma pre[1]ocupación: preparar a las comunidades costeras para enfrentar los impactos del cambio climático, mediante el cuidado de los ecosistemas y la participación directa de la población.
“Marea Verde mantiene la idea de la adaptabilidad y resiliencia de las comunidades costeras”, afirma Fernández Riquenes, en tanto, recuerda que estas zonas aparecen identificadas entre las áreas priorizadas por el plan de estado Tarea Vida, debido a los impactos que podrían enfrentar hacia el año 2100.
No obstante, advierte que no se trata de esperar a que esos escenarios se hagan realidad. “Desde ahora se desarrollan acciones para su cuidado y mantenimiento”, señala.
Dos poblados y un mismo desafío
Marea Verde comenzó a implementarse el 28 de marzo del año pasado. Sus primeros pasos estuvieron dirigidos a presentar la propuesta ante los Consejos de la Administración de ambos municipios, con el propósito de obtener la aprobación necesaria para trabajar en estas localidades. Después, fue expuesto ante los expertos de proyectos y a los participantes. El proceso también incluyó encuentros con los pobladores de cada comunidad, considerados sus protagonistas esenciales.
Justamente, el objetivo fundamental de Marea Verde es “fortalecer la percepción de riesgo y, de conjunto, manejar el desarrollo armónico y sostenible de los ecosistemas costeros de la provincia”, refiere.
La propuesta busca que las comunidades comprendan mejor los peligros asociados al cambio climático y participen en la búsqueda de soluciones, ya que ninguna estrategia de adaptación puede ser efectiva, si no toma en cuenta las experiencias y necesidades de quienes conviven a diario en estos territorios.
Ciencia al servicio de las comunidades
En el proyecto intervienen, además, especialistas del Citma y del Cesaart, el Consejo de la Administración y la universidad; también se integran trabajadores del Instituto Marítimo Pesquero Andrés González Lines, de Mariel, y representantes del gobierno.
El conocimiento local –emanado de los pobladores de cada sitio, quienes conocen de cerca las particularidades de estos lugares–, se combina así con herramientas científicas, para obtener una visión más completa de los problemas ambientales.
Entre los principales impactos identificados, “en cuanto a lo científico, se prioriza la evaluación del estado del mangle, como barrera natural frente a eventos extremos. La investigación también contempla el análisis de las condiciones socioambientales: inundaciones, erosión costera, capacidad de respuesta…
Estos elementos contribuyen al fortalecimiento de la resiliencia comunitaria y a una mejor gestión local del riesgo”, detalla Fernández Riquenes.
La educación ambiental ocupa un lugar central. En ese sentido, se desarrollan talleres con coordinadores, actores locales y pobladores, en los que se abordan temas relacionados con el cambio climático, la rehabilitación de ecosistemas y la conservación de los manglares.
En ambas comunidades se identificó a las escuelas como aliadas estratégicas; con el apoyo de los profe[1]sores, se trabaja en la creación de círculos de interés destinados a los más pequeños. En ese sentido, también se busca que los conocimientos lleguen a las familias y se incorporen a la vida cotidiana de las comunidades.
De la observación a la acción
Hasta el momento, Marea Verde ha permitido realizar evaluaciones de la salud de los manglares, las playas y los cuerpos de agua; así como, el mapeo de actores locales, mediante el cual fueron identifica[1]dos pescadores, agricultores, líderes comunitarios e instituciones educativas. Por otra parte, se han organizado brigadas de pobladores para la limpieza de las costas y la reforestación de determinadas áreas.
La ciencia también acompaña estas actividades, mediante instrumentos metodológicos diseñados para facilitar el trabajo en el terreno, entre los cuales destacan guías de observación, protocolos sencillos de muestreo y encuestas destinadas a conocer la percepción de riesgo de los habitantes.
Con estas herramientas se recopila información útil para comprender cómo perciben las comunidades los peligros ambientales y qué capacidades tienen para enfrentarlos.
El futuro nace de la acción colectiva
En Playa Guanímar y Henequén Viejo, la tarea apenas comienza. Cada manglar evaluado, cada área reforestada, cada niño que aprende a cuidar la costa y cada poblador que participa en una brigada comunitaria representan pasos concretos hacia comunidades más preparadas.
El futuro de estas zonas dependerá, en buena medida, de las decisiones que se tomen hoy, y como demuestra Marea Verde, esas decisiones pueden construirse desde la ciencia, pero también desde la participación activa de quienes viven frente al mar.





