La coyuntura económica en extremo difícil que atraviesa Cuba, provoca en casi todos los sectores, organismos e instituciones, quizás como nunca antes, un serio y prolongado deterioro en su infraestructura constructiva e interrupciones muchas veces definitivas de sus funciones, y por ende, el incumplimiento del objeto social para el cual se les diseñó.
En el caso específico de la cultura, sin generalizar ni desconocer el estado de casas de cultura, galerías de arte, museos y bibliotecas; no deben estar muy alejados de la verdad, quienes se atrevan a afirmar que son en ese sector, los cines y las librerías las que marchan a la vanguardia del pelotón de las instituciones cerradas o por cerrar.
Será porque alguien cree que con el adelanto descomunal de las tecnologías informáticas y de comunicación, para ver películas, comprar libros y leer, no es necesario salir de casa. Esos dan entonces por sobrados los espacios comunes históricamente habilitados al efecto.
Por suerte, en Artemisa, el deterioro de las librerías no ha hecho que los responsables de buscar soluciones, caigan en una especie de rendición de las armas, para cerrarlas primero y después ponerlas en arrendamiento a disposición de actores económicos no estatales, interesados en dinamitarlas y reconvertir los espacios en negocios más rentables. En Artemisa la Empresa del Libro, con el propósito de salvar la infraestructura construida de las librerías se asocia con el Fondo Cubano de Bienes Culturales, que como arrendatario de estos locales, los reaniman y reorientan su objeto social, pero incluyen el libro en sus proyectos de promoción y venta. Si no es así, pues no hay negocio.
Ya está en marcha este tipo de gestión en Candelaria, Guanajay, Caimito, Bauta, San Antonio de los Baños y Alquízar. Próximamente se sumará Güira de Melena. En Artemisa el contrato de la librería Víctor Jara es con una mipyme. En ninguno de los casos los niveles de venta están a la altura de años atrás. Se les da más espacio a otras ofertas, sin embargo, se venden libros, abundan los que llegan en busca de adornos o de bisutería, mas, terminan comprando libros.
No faltan los que llegan a estos centros a comprar para leer y se van felices a casa con algún ejemplar. No importa si nuevo o de uso. Claro, repito, las cifras de ventas de hoy no son las de antes, cuando acceder a librerías llenas de ejemplares y nuevos títulos era un gozo para los sentidos. No estábamos en la era digital y el impreso era el medio para leer. Lo más importante y saludable es ver cómo los libros no pasan de moda, ni se almacenan para que se pudran en condiciones espantosas de hacinamiento.
Ahora bien, tampoco es para pensar que todo está hecho y marcha lo mejor posible. Quedan múltiples vías por explorar para cumplir bien el encargo de una librería: provocar a los lectores a entrar en sus predios, promover literatura, contribuir al fomento de la lectura y ampliar la comercialización de libros. La recién finalizada Feria del Libro sacó de los almacenes todas las reservas existentes y se pudieron vender muchos ejemplares luego de años de su publicación. Con una buena estrategia de promoción y venta no hay que esperar la Feria del año próximo para vender.
Previa coordinación con la red de bibliotecas y casas de cultura en los municipios, desde las librerías se pueden hacer convocatorias para la participación en concursos, tertulias y peñas, donde además se le de cobijo a valores artísticos del patio, aficionados o profesionales.
En estas librerías de nuevo tipo es inconcebible que el libro pase desapercibido y disimulado, respecto a la artesanía u otro tipo de atractivo en oferta. Por lo tanto, se deben activar los resortes de creatividad y dirigir las iniciativas a satisfacer a la pluralidad de lectores, muchos de ellos interconectados, armados de tecnologías y con los mejores deseos de intercambiar libros e informaciones por la vía digital.
No se trata solo de arrendar un local, rehabilitarlo, ponerlo bonito, alargarle su vida útil y de paso generar ganancias. Quienes trabajan en las nuevas librerías, deben dar especial atención a la promoción y la venta de libros. Allí, entre los bienes culturales, lo primero es el libro.

