El Mausoleo a los Mártires de Artemisa, desde su inauguración el 16 de julio de 1977, ha sido para este pueblo un sitio solemne. Lo protegen, más que sus custodios, los vecinos, los niños, los trabajadores, los artemiseños en su gran mayoría.
Allí las emociones siempre regresan en ciertas efemérides y celebraciones, pero este 23 de junio de 2026, parece saber el recinto mortuorio que la jornada va de tributo, de homenaje a uno de sus hijos.
Parte, y venimos a dar el último adiós, un moncadista que no solo marca la historia por el asalto de julio de 1953, sino por seguir paso a paso la Revolución 67 años después.
Hubo un murmullo leve, entre quienes esperaban en la larga fila para entrar de uno en uno, a donde te impactaba una foto del joven de La Matilde, y cuatro ofrendas florales a nombre del General de Ejército Raúl Castro Ruz; del Primer Secretario del Comité Central del Partido de Cuba, Miguel Díaz-Canel; de los combatientes de la Revolución y el pueblo de Cuba.
Claro, al Comandante de la Revolución lo conocemos muchos. Para Artemisa no es un héroe en un pedestal. Es el diputado a la Asamblea Nacional que exigía hacer las cosas bien, representar a los electores con el ejemplo.
Para los artemiseños que hoy llegaron con infinito respeto al Monumento Nacional, el Comandante de la Revolución era el dirigente sin palabras complacientes, más bien el incómodo e intransigente ante los planes sin cumplir, el esfuerzo sin resultados, la lentitud para tomas decisiones.



Aquí planeó un complejo deportivo, cortó cintas de nuevas obras, chequeó la producción local de materiales de la construcción, enfrentó huracanes, confrontó ilegalidades, distinguió a colectivos y trabajadores vanguardias, criticó lo mal hecho, acompañó a los suyos, propuso nombrar a la Universidad Julio Díaz González.
Toda la barriada donde creció y se convirtió en moncadista sabía que aquí hoy no se despide a un hijo más, ni siquiera por ser Hijo Ilustre, de la tierra de Ciro Redondo y Rigoberto Corcho.
Hoy el adiós de esta larga fila de gente, de artemiseños comunes, va por un hombre de la estatura moral de quien sale de cualquier pedestal para convertirse en uno de los más extraordinarios cubanos
Ramiro, el jovencito de este pueblo, que combatió con Fidel y fue fiel a Raúl, estuvo hasta sus últimos días en la primera fila, y como entrañable amigo y compañero de lucha del Che, va a descansar donde a su columna # 2, para tatuar allí un pedacito de Artemisa en Villa Clara; porque si de algún lugar es este Héroe por partida doble, es de Cuba.


