Alejandro Concepción Macías y Héctor Leal Ortega son dos jóvenes investigadores del tabaco, por lo que los logros materializados en la UBPC Felipe Herrera de Alquízar, llevan en sí mucho de la sapiencia de ambos.
En palabras de su líder, Armando Trujillo González “ellos son el futuro”. Traen la actualidad y los más novedosos estudios a esas tierras y cuando en otros lugares hablan de agrotecnología, de dientes hacia afuera, aquí tienen resultados verdaderos porque lo aplican con seriedad.
Los números no mienten. Durante la actual contienda tabacalera ya han beneficiado casi 20 toneladas de la aromática hoja y de ese total el 50% de capa de exportación. “En un año marcado por una crisis energética sin precedentes, no existe otra manera que aplicarle ciencia al surco para garantizar el sobrecumplimiento de los planes pactados”, confiesa el experimentado productor.
Campaña tras campaña, los protagonistas de estas líneas se ven ligados a varias funciones, pero Alejandro prefiere la fase agrícola y su trabajo como agrotecnista. Similar sentimiento nos confiesa Héctor.
Revisar los campos, supervisar el cumplimiento de la disciplina tecnológica y que las actividades se realicen de forma correcta son tareas a las que imprimen sobrada dedicación.
En esta etapa llevan a “punta de lápiz” un registro de cada parcela para determinar las labores necesarias según el estado de las plantas.

“Utilizamos un instrumento llamado SPAD-502, que mide la clorofila de la planta. Con ello determinamos su nivel nutricional, desde que está en el semillero hasta la cosecha. Si el nivel de clorofila es bajo, aplicamos fertilizantes para alcanzar los valores requeridos según la variedad. Así logramos que la planta se desarrolle y produzca la calidad de capa que buscamos”, explica Alejandro.
“Cada variedad de tabaco tiene necesidades distintas. Por ejemplo, la variedad Corojo 2020, que se siembra hoy en aproximadamente el 80 % del país para obtener capa de exportación, requiere niveles específicos de SPAD según el tipo de suelo y los días después del trasplante: a los 15 días, un valor; a los 25 días, otro… Si está por debajo, se corrige con fertilizante foliar. Así aplicamos la fertilización justa, ni más ni menos. En lugares donde no cuentan con este instrumento, no hay forma de saberlo y se fertiliza a tiempo fijo, sin precisión”, continúa explicando Concepción Macías.
“El mismo equipo también determina el índice de madurez, que indica el momento óptimo para cosechar cada hoja. Cada variedad tiene su índice. Si se recolecta antes de tiempo, la hoja puede podrirse; si es tarde, no da capa de exportación. Cosechar en el punto exacto de madurez técnica es fundamental”, agrega Héctor
El tabaco se divide en cuatro fases: agrícola, preindustrial, industrial y comercialización. En esta cooperativa manejan las dos primeras. En la fase preindustrial, durante la escogida, gestionan todo el flujo productivo: los tipos de corte (los pisos foliares de la planta, como el libre pie o el medio) y la calidad del tabaco.
Los muchachos de Armando son minuciosos en el trabajo y llevan un registro desde el campo hasta la venta, asignando a cada hoja su procedencia (campo, corte, casa de curación). Es decir, garantizan la trazabilidad al tabaco.
Como fueron pioneros en la aplicación del SPAD 502, también fueron los primeros en Cuba en implementar paneles solares térmicos para la curación controlada. “Esta campaña ha sido muy dura por la falta de combustible. Pero aplicando ciencia y técnica hemos salido adelante. En la curación controlada los paneles captan la radiación solar y calientan el agua en un circuito interno. Ese calor se transfiere al aire de la casa de curación, lo que reduce drásticamente el consumo de diésel”, explican.
Ahora también trabajan en los túneles de suministro de aire de las casas de curación. Con anemómetros y termómetros láser equilibran el flujo interno de aire para que este sea homogéneo. Esa homogeneidad de temperatura y caudal, aseguran, es clave para obtener más capas de exportación.

“El año pasado con esa técnica una casa que históricamente daba un 40 % de capas alcanzó un 50 %, lo cual significó mayores ingresos para la cooperativa”, apunta Alejandro.
En julio de 2025 presentaron seis ponencias al fórum de ciencia y técnica de la Empresa de Acopio y Beneficio del Tabaco Lázaro Peña. De ellos tres resultaron Relevantes y dos Destacados donde los muchachos, acompañados por los otros tres ingenieros que laboran en esta UBPC, mostraron resultados novedosos a partir de la aplicación de la ciencia y la técnica, para su posterior socialización.
No en balde siempre que hay un nuevo procedimiento, una nueva variedad o tecnología por descifrar, el Instituto de Investigación del Tabaco cuenta con la tropa de Armando. “Somos como un polígono científico en base productiva”, dicen orgullosamente.


