Se acerca junio. Desde el primero de sus días y hasta el último de noviembre estaremos en Cuba a la espera y enfrentando la temporada ciclónica que cada año afecta con más fuerza a esta parte del hemisferio occidental.
Otra vez tendremos que poner en práctica un grupo de medidas de carácter preventivo, orientadas por el sistema de la Defensa Civil en tiempo de paz y en situaciones excepcionales, provocadas por desastres naturales y en previsión de posibles consecuencias de acciones enemigas.
En el caso nuestro y a tenor del contexto político actual, asumimos como una cuestión estratégica trabajar por la capacidad defensiva del país. Hoy tenemos el deber de prepararnos mejor, con mayor sistematicidad, rigor y proactividad. El fin ha de ser siempre el mismo: crear condiciones en favor de preservar la vida de las personas y resguardar los bienes de la economía, a partir del empleo eficiente de los recursos humanos y materiales; sean civiles, militares, privados o estatales.
En este campo la experiencia acumulada nos coloca en el plano de referencia internacional y nos permite afirmar que no es opcional, sino obligatorio para todos estar atentos a los medios informativos oficiales, conocer las medidas de prevención concebidas en el entorno más cercano a cada persona, los planes de aviso, las acciones previstas para la evacuación hacia zonas seguras, los posibles riesgos de contaminación química, radioactiva y biológica.
El ejercicio Meteoro, que se realiza desde 1986 no puede ser rutina ni mera formalidad. Los simulacros de incendios, escapes de gases, derrumbes u otras situaciones de desastre, tienen que hacerse con tanta seriedad como la poda árboles, el aseguramiento de cubiertas ligeras en viviendas o centros de trabajo y la desobstrucción de zanjas, alcantarillas y tuberías.
Tapar bien o reubicar mercancías en almacenes, reforzar donde sea necesario las conecciones en cables de la red eléctrica y telefónica, apuntalar cercas perimetrales y garantizar fuentes alternativas de agua para el ganado; no pueden ser operaciones de última hora o con frecuencia planificada en el espacio destinado al cambio de labor. Han de ejercitarse a diario, convertirlas en hábitos y estilo de trabajo.
Nadie ha de quedar al margen del trabajo de las autoridades del Partido y el gobierno en la localidad, a los factores de la comunidad y a quienes dirigen el consejo de defensa. No son ellos los únicos responsables de identificar peligros y vulnerabilidades. La movilización popular es decisiva en su detección y anulación.
No podemos confiarnos. Estaremos bien preparados cuando cualquier circunstancia adversa, natural o provocada, reciba rápida y efectiva respuesta, entendiendo como tal el menor número de daños posibles en personas y bienes. En materia de prevención con propósitos se salvar vidas humanas, no pueden cederse espacios a la improvisación.

