La conducta de los usuarios en el escenario digital, es un tema ya traído al espacio del comentario desde aristas diversas. Aquí expresamos cuánto nos preocupa lo que creemos, difundimos, multiplicamos o viralizamos, y polemizamos sobre la responsabilidad ante la publicación de fotos y videos en la web, si atañen a terceros.
Hemos hablado también de noticias falsas, de discernir entre lo real y lo adulterado, de la ética, la empatía, el pudor ante lo lamentable y lo trágico que tanto duelen.
Pero una nueva o no tan reciente tendencia vuelve a preocupar. Los odios y linchamientos públicos por motivos banales o sesgados por fanatismos, dejaron de ser moda y ya constituyen prácticas permanentes en redes sociales.
Muchas veces el acoso pasa al plano físico de la vida y la injusticia crece de manera exponencial, cuando carecen de verdad y humanidad los argumentos de los odiadores. En los últimos tiempos hemos visto como crece el fenómeno del morbo, tras disfraces con seudónimos y anonimatos cobardes.
Entonces puedes encontrar tras el amparo de esas máscaras que ocultan la identidad del infractor, mensajes muy denigrantes en grupos de todas las temáticas, ya sean de compra y venta de artículos, religiosos, deportivos, de profesiones y oficios, hermandades o movidos por recuerdos o experiencias bonitas en el pasado.
Ahí, en cualquier escenario, aparecen contenidos tanto obscenos y vulgares, como difamatorios o condenatorios hacia seres humanos, a los que muchas veces exponen la imagen por medio de una foto y un texto con o sin fundamento real, pero casi siempre dañino.
No es broma la vida de otros. No está bien cuestionar en público los asuntos privados, sentimentales de los demás. No se puede acusar de infidelidad públicamente y difundir imágenes de personas desconocidas por la comunidad virtual, a la ligera; ni tomarse rencillas personales para llamar al linchamientos en redes digitales.
Los conflictos que estas prácticas irresponsables pueden generar en el plano físico, también son capaces de desencadenar en actos de violencia y rupturas que implican desde la célula de la familia, hasta los valores colectivos de una sociedad.
En los espacios públicos de redes digitales es muy común encontrar contenidos de tipo sexistas y pornográficos, lenguaje denigrante, ofensas e incomprensiones hacia la libertad de pensamiento y acción de todos los individuos y una grave agresión a nuestra cultura.
La decencia es un elemento que ha sido irrenunciable para la mayoría de cubanos que han defedido durante años, el bien y la educación que la familia y la escuela procuran edificar. No podemos convertir en juego sucio el entorno virtual que tanto atrae a jóvenes generaciones y adultos mayores también.
Estamos viviendo las consecuencias del desenfreno, la inmadurez intelectual y moral que nos convierte en seres salvajes e indolentes, incapaces de pensar en los efectos de estos actos en las vidas de los otros, tan graves que hasta muerte pueden provocar en casos no tan extremos de suponer.
El entramado digital no puede ser una selva, para una nueva representación y reproducción del sálvese quien pueda y la ley del más fuerte, en cuanto a irrespeto y especulación.
Las civilizaciones no deben retroceder tan drásticamente a la altura de nuestro milenio. El mundo ya es un lugar demasiado inestable, desbalanceado y oscuro, para que la nueva insensatez dentro de microespacios que ahogan la dignidad e integridad del individuo, nos lleve al barbarismo de siglos pasados, en la era de la democratización más absoluta del conocimiento y la información.
El respeto a las diferencias, a la privacidad, a la vida ajena, no se negocia. La indecencia no se aplaude ni se promueve. Es una lástima que no sepamos aprovechar las bondades del ecosistema y otra aún más grande, pensar que todo lo contrario sea espontáneo o casual.
La libertad de expresión debe ser genuina y multidireccional en tanto válida y real, esa tan debatida y reclamada libertad de expresión jamás deberá confundirse con la barbarie que aniquile el sistema ético de una sociedad. En términos de convivencia sana y bienestar estamos jugando con el futuro y comprometiendo el presente de un modo más que peligroso.

