Casi perdió su nombre de nacimiento, Ana Margarita Ibáñez, para llamarse por el dulce sobrenombre de Misanta, así, sin separar las partes, porque su amor por los otros, su extraordinaria capacidad para unir a escritores y artistas llevaron a que recibiera el mismo apelativo con que suele referirse a cualquiera de sus interlocutores.
Misanta o Misanto son palabras que brotan de sus labios gentiles a la hora de dirigirse lo mismo a un viejo amigo, un escritor consagrado, una poeta principiante o un joven profesor o alumno de la Casa de Cultura Mirta Aguirre, en Bauta, donde su sobrenombre resuena en cada esquina como un canto de amor a la vida.
Su paso por este mundo ha estado marcado por momentos verdaderamente trágicos; capaces de derrotar a cualquier ser humano; pero ha sabido crecerse en medio de esos terremotos devastadores.
Y siempre, de modo inevitable, ha sido la promotora de honda sensibilidad de la que nunca las instituciones de cultura y los creadores debieran desprenderse.
Con esa mujer inmensa, llamada Ana Margarita, o simplemente Misanta, es la conversación que hoy traigo a los lectores del periódico el artemiseño.
Comienzo por decir que siempre, de modo absoluto, su atención a cada artista o escritor es insuperable, pues rompe la frontera entre funcionarios y creadores de una manera absolutamente mágica.
¨Es es lo mejor que podemos hacer: abrir las alas del corazón para acoger a todos los que eligen a las letras y al arte como abrigo, es crecer junto con ellos. Los escritores son el bálsamo del tiempo¨, afirma convencida.
A la hora de revelar su esencia se define como ¨una mujer que reparte amor¨ y esa maravilla se da y no cuesta nada y para ella ¨la Cultura representa la vía para hacer sentir bien a nuestros semejantes, es navegar airosa en este barco llamado vida¨.
Y en una larga revelación cuenta de su alegría cuando se realiza una actividad y recibe como premio la chispa en los ojos de grandes y pequeños.
¨Al ir por la calle los niños o las personas me preguntan cuándo vienen a la comunidad, o cuándo vuelven por la escuela o, sencillamente, me dicen:¨me gusta el trabajo que hacen siempre¨.
¨Estas experiencias tan hermosas te hacen reflexionar sobre la labor cultural y te hace buscar herramientas para que sea mejor¨, afirma Ana Margarita.
¨Ser conformista no es el objetivo, luchamos porque la Cultura llegue a todos en momentos donde la espiritualidad muchas veces se esconde en lo profundo¨, admite la promotora y poetisa bautense.
¨La Cultura me ha dado la vía para promocionar, a través de la literatura, infinidad de libros de autores cubanos y extranjeros. La mejor llave para vivir es la literatura y trasmitir esa fuente de sabiduría inagotable es sembrar el camino del futuro¨.
¨Yo amo los libros, son parte de mi complemento, siempre les digo a los muchachos: cuando se crea, se muestra la influencia que deja en nosotros el cúmulo de lecturas que llevamos bajo la manga.¨ Ana Margarita confiesa, finalmente, que en su consideración ¨la cultura le ha permitido tocar los corazones y ese gesto es mágico. Saber cómo llegar a cada sector comunitario, mostrar las maravillas del libro, es andar por la puerta ancha de la existencia y seguir aprendiendo a girar con el Sol¨.


