Cuando decidí escribir el comentario Aquí se enciende la Candela, sobre la indiscriminada quema de basureros en Caimito, de forma muy preocupante otras voces, igualmente preocupadas, escribían en las redes sociales acerca de tan polémico tema incendiario.
Al parecer, la intención de borrar por vía del fuego lo que debía desaparecer por medio de la recogida permanente, estaba contaminando más de un espacio de la geografía cubana.
En este comentario hice referencia al daño que causa en los ojos y las vías respiratorias el intenso humo que brota de estos basureros una vez que el fuego empieza a consumirlos. Pero resulta que hay otros daños. Muchos más.
A estos otros daños se refirió, en breve e informal conversación, la doctora Sonia Pérez, mujer con honda huella en el universo científico cubano, en el instante en que cruzaba frente al imponente vertedero aludido en el comentario anterior.
En verdad, sucede que el efecto en ojos y vías respiratorias y en el organismo no es un daño pasajero y sin grandes consecuencias. No. Implica notables efectos negativos, a los cuales quiero hacer referencia.
En un artículo con el nombre de El desafío legal y sanitario de la quena de la basura en la ciudad, publicado por la revista Juventud Técnica, el periodista Yanel Blanco Miranda expone que en el Código Penal Vigente la Ley 151 del 2022 dispone en su sección de Delitos contra el Medio Ambiente sanciones a quienes emitan gases contaminantes o sustancias que pongan en peligro la salud humana. Y este, sin lugar a dudas, es uno de esos casos.
Es innegablemente cierto que los productos químicos liberados en el aire lo contaminan de tal manera con metales pesados y dioxinas, que estas pueden llegar a atravesar la barrera protectora del cerebro (barrera hematoencefalica), afectar el desarrollo cognitivo de los niños y provocar cáncer, según las palabras de alerta de este sustancioso artículo.
No son todavía lo suficientemente fuerte las leyes para detener estas quemas, tal vez porque algunos las siguen entendiendo como un «acto de imprescindible e impostergable higienización». No nos engañemos. El peligro que brota de estos actos es absolutamente real. Aunque la historia triste de los basureros debe tener, de alguna manera menos dañina, su capítulo final. La salud humana no merece menos.



