Cuando nos anunciaron oficialmente sus nombres, nada sabíamos de ellos. Nada conocíamos de los autores mexicanos que compartieron con nosotros, autores caimitenses en su mayoría, en el Primer Encuentro Internacional, De México a Artemisa: un puente de letras.
No hizo falta saber demasiado para que, desde la fecha inaugural del encuentro, los autores de la tierra de Benito Juárez y los de la tierra martiana, nos diéramos un abrazo bien cálido y sonriente, como si en vez de un primer encuentro, se tratara de un reencuentro entre seres largamente conocidos y unidos por el afecto más visceral.
Así recibimos a seres como Isabel Chávez y Jaime Durán, en compañía del músico Mannu, figura decisiva para que estos dos escritores llegaran al terruño caimitense, donde tanta amistad y buena vibra les iba a esperar, según la probada experiencia de Mannu y de muchos asistentes al evento Danzapuentes, capitaneado por el coreógrafo Jonnie Martínez Nieves.
Isabel arribó con un libro de insuperable dolor: La vida es Linda, un título, al parecer, un tanto simplista, si no fuera porque Linda, en realidad, fue su hija de 11 años, fallecida en un desgarrador accidente de tránsito.
De este dolor inagotable, Isabel sacaría fuerzas impresionantes para cuidar al resto de sus hijos y, con el paso del tiempo, contribuir a la crianza de la respetable cifra de 17 nietos.
Jaime irrumpió con Proceso 33, nacido a partir de un instante adverso en su vida, que lo impulsó a replantearse de manera más optimista y profunda una experiencia que escribió para compartir e iluminar, con no poco de metafísica y espiritualidad, a quienes se adentraran en las páginas de este libro.
El Primer Encuentro, como era de esperarse con los que llegan desde ese país eternamente solidario y querido, se convirtió en mucho más que una cita de escritores.
Al Instituto Preuniversitario Ernesto Che Guevara (Ceiba 1), en Caimito, y a un espacio de amor y lecturas con autores y directivos de Cultura en la Biblioteca Antonio Maceo, en Bauta, nos fuimos los participantes en el encuentro y, en ambos espacios, sin lujos ni protocolos fatuos, sobró el calor humano en una jornada con temperatura especialmente fría.
Cuando por fin cayeron las cortinas del evento, algo muy honesto quedaba de este proyecto, creación de la Dirección Municipal de Cultura en Caimito: el ansia de volver a repetirlo el próximo año, con una organización superior y la implicación de una cifra mayor de autores artemiseños y extranjeros.
Aunque se trataba en esencia de una visita profunda a los entuertos y encantos de la Ciudad Letrada, era imposible que la obra de grandes pintores, cineastas y músicos mexicanos no irrumpiera en estos predios, era imposible que no vinieran con los visitantes los memorables Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Frida Kahlo, Chelo Velázquez, José Alfredo Jiménez, Cantinflas, Luis Buñuel, Chavela Vargas…
Para los autores mexicanos, en viaje de estreno a nuestro país, la “realidad brutal” que les habían pintado los medios de información y no pocos amigos, carecía de tal espanto y, en su lugar, descubrieron personas amables, cultas, “con más conocimientos de la literatura y de México que nosotros mismos”, tal como lo vio el siempre generoso Jaime Durán.
En ese sentido, muy claras fueron precisamente también las impresiones de Jaime: “Caimito es un lugar maravilloso, con personas extraordinarias, y estoy seguro que con el resto de Artemisa sucede así. Creo que muchos mexicanos podríamos venir y conocerla mejor. Sí. Estoy seguro que Caimito y Artemisa podrían regalarnos momentos inolvidables”.


