Las bombas y la cultura nunca se llevaron bien. Y es de entenderse. Mientras las primeras se encargaban de destrozar esperanzas y matar seres humanos, la segunda se encargaba de luchar porque los hombres fueran criaturas mucho mejores.
Aunque haya sido por breve tiempo y sean pocas las bajas (la muerte de cualquier hombre me disminuye, escribió el poeta inglés John Donne) y al fin se haya logrado en breve el objetivo propuesto, ya sea capturar a un presidente o derrocar a un gobierno que tanto detestaban, detrás queda un rastro de muerte que no puede borrarse por siglos enteros.
El grito de dolor que traen las bombas es un grito que queda de manera permanente, flotando en el aire y en el corazón de incontables generaciones de seres humanos.
En cambio, la cultura escribe su historia en la acera contraria. Por eso la promueven los humanistas, las revoluciones de verdad, los que sueñan que un mundo mejor es posible. Un mundo donde sobraran las bombas y la muerte inútil que viaja con ellas.
Pueden alegrarse algunos, y quizás muchos, de la caída en manos norteamericanas del presidente Nicolás Maduro Moros, en un planeta cada vez más cercano al primitivo de las cavernas; pero lo cierto, ahora mismo, es la entrada por la fuerza en un país que cierta gente quiere hacerlo suyo y se lo va a zampar.
Cuando más colaboradores cubanos de la cultura partían hacia la Misión Cultura Corazón Adentro, siempre me pareció que el extraordinario promotor cultural, profesor de técnicas narrativas y escritor Luis Carmona Ymas debía estar entre ellos. No sucedió. Quizás su avanzada edad le impidió estar en tierras de Rómulo Gallegos y Aquiles Nazoa. No estuvo allí este fabuloso formador de varias generaciones de escritores; pero ahora, de alguna manera, quiere estar.
“Lo que ha sucedido en Venezuela es complejísimo. Creo que existían armas suficientes para detectar el peligro de los enemigos. No funcionó el sistema de alerta y eso fue decisivo. A Venezuela le esperan cosas terribles. Ya Trump aseguró que ellos administrarán ese país por el tiempo que quisieran y también el petróleo, según les conviniera”.
El autor de la pieza María y José no entiende con qué derecho juzgarán a Maduro las leyes norteamericanas, cuando hasta la DEA reconoció la no implicación de este en el oscuro mundo del
narcotráfico. Reflexionó, además, en torno a peligros semejantes que se ciernen sobre México, Colombia y Cuba, para nada bien vistos por la desaforada hambre imperial de Trump.
Pedro Bernabé Lorenzo, el veterano caimitense que un día descubrió su vocación de escritor, también ha seguido detalle a detalle la noticia que sacudió al mundo entero y pudiera traer consecuencias impactantes no solo para Venezuela, sino para toda la América Latina.
“Yo estaba consciente de la gravísima situación interna de los Estados Unidos desde el punto de vista económico, político y social, y los intentos de Trump de salir de esa adversa situación. Con el ánimo de sacar a su país de esa tremenda crisis, Trump es capaz, en su desespero por convertir de nuevo a su país en una gran potencia, de cometer errores gravísimos. Cuando movió esa tremenda flota naval y aérea para cercar a Venezuela, sabía que iba a atacar, pero jamás me pasó por la mente que se lanzaría a capturar a Maduro”.
Y agrega el reconocido autor de cuentos para niños: “Desde hace rato Maduro dio instrucciones al pueblo para movilizarse en caso de que sucediera lo que sucedió. Ya está ocurriendo esa movilización. Tengo la esperanza de que este error le cueste muy caro a Donald Trump y no se salve”.
Corrían las cinco de la mañana cuando Yohanna Curiuneaux Tamayo, directora municipal de Cultura en Caimito, logró conciliar el sueño. Atrás dejaba un día cargado de intensos movimientos, de horas y horas pendientes de la grave situación creada en Venezuela.
Ella, como cualquier trabajador de la Cultura, como esos que militan en el bando martiano de “los que aman y fundan”, lamenta profundamente el daño artero causado al proyecto chavista, siempre con el apoyo a quienes llevaran a todos la educación y la cultura, entre ellos no pocos artistas, escritores e instructores de arte cubanos.
“La labor que realizaron en cientos de comunidades y barrios venezolanos fue profundamente espiritual, muy apreciada por sus residentes, por niños sobre todo que, antes de la llegada de la Revolución Chavista, no tuvieron esa oportunidad tan hermosa. Nosotros llevamos cultura y amor; el gobierno de Donald Trump llevó bombas y odio”, señaló Curuniaux Tamayo.
Bien conocida es la frase de Bolívar en cuanto a que “Los Estados Unidos parece destinado por la providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”, así como la del Apóstol en cuanto a que había vivido en el monstruo y le conocía las entrañas.
Aunque no tan citada, una del Titán de Bronce es simplemente demoledora: “Tampoco espero nada de los americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin ayuda, que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso”.
La siniestra realidad de las bombas y el secuestro, las guaperías de matón barriobajero de Trump, la ausencia de cultura y de sentido de convivencia en paz, vinieron a confirmarlo.
Por tales motivos, nunca como ahora fueron tan certeras las palabras del escritor irlandés Oscar Wilde: “Estados Unidos es el único país que pasó de la barbarie a la decadencia sin pasar por la civilización”.



