No murieron en su isla, pero cayeron combatiendo en un pedazo de tierra de lo que Martí llamo Nuestra América, la Patria grande, la que va desde el río Bravo a la Patagonia.
Entre esos 32 cubanos que cayeron abatidos en la madrugada del 3 de enero último, mientras defendían con su vida la integridad del presidente Nicolás Maduro Moros, se hallaba el teniente Giorki Verdecia García, miembro del Ministerio del Interior y natural del municipio Bartolomé Masó, en Granma, pero desde hace mucho residente en el humilde barriecito de El Valenciano, al norte de Caimito.
A este joven de apenas 30 años fueron a despedirlo cientos de sus coterráneos ante el Panteón de los Caídos en la Defensa, donde una emotiva ceremonia militar dio paso a las palabras de Janeivy Reyes Hernández, primera secretaria del Partido en este municipio artemiseño.
«Este es un momento de dolor, pero también de esperanza, eran jóvenes llenos de sueños, con el sacrificio consciente de que la solidaridad humana no conoce fronteras», señaló la dirigente partidista.
«Su familia no está sola, todos compartimos su duelo y nuestra mejor manera de honrar a los que cayeron es continuar su lucha y que su valor sea nuestra inspiración», afirmó Janeyvis.
Por esas coincidencias de la historia, otra vez la sangre de la Patria de Bolívar y Martí volvieron a juntarse en un instante crucial, como en aquella tarde del 8 de mayo de 1935, cuando el cubano Antonio Guiteras Holmes y el venezolano Carlos Aponte Hernández, en completa desventaja ante una avalancha de soldados del presidente Carlos Mendieta, fueron capaces de enfrentarlos en combate y caer gloriosamente para orgullo de ambas naciones, tal como ha sucedido en este enero de dolor y gloria.
Ricardo Concepción, gobernador en la provincia de Artemisa, y Frank Fleitas, miembro del Buró Provincial del Partido, en compañía de altos oficiales del Minint y las FAR formaron parte de quienes dieron el último adiós al corajudo combatiente.





