Habla con la serenidad de quien conoce a fondo un proceso productivo al que ha dedicado su vida laboral. Durante 39 años la marieleña Elsa Souchay Gómez ha permanecido en la Unidad Empresarial de Base (UEB) Mármoles Occidente, entidad que la acogió recién graduada y le ha permitido crecerse como profesional.
Una vez fundado el centro, el 26 de julio de 1987, formó parte de su equipo. Por sus manos pasaron entonces mármoles como el gris Siboney, marrón Varadero, negro Cabaña, crema del Valle, rosa Aurora, verde Serrano…
Antes de ejercer como analista de producción -tarea en la que se ha mantenido por más de tres décadas-, trabajó en la clasificación de losas y luego como técnica de Control de la Calidad, área en la que también tuvo la oportunidad de desempeñarse durante el período que estuvo activo el Laboratorio Químico. Así, materializó en el centro, su pasión desde edades tempranas por una asignatura que la llevó a optar por el técnico medio en Química Industrial tras concluir el duodécimo grado.
De los años iniciales bien recuerda las enseñanzas de Reinaldo, Nena, Castellano, Batán, quienes la ayudaron a conocer mejor las interioridades del proceso productivo de una planta que también le dio la posibilidad de hacerse licenciada en Contabilidad y Finanzas.
Hasta que ocupó la responsabilidad actual, solo fue antecedida por hombres en ese ejercicio profesional. “Me gusta formar parte del análisis de toda la producción, desde que empieza el proceso, ver la calidad, el rendimiento de los bloques… Tenemos que llevar, además, documentos de control interno y del sistema integrado, entre otros. Enseguida me adapté a este puesto, me enseñaron, aprendí muchísimo con Fanego, que es actualmente quien atiende el área de Calidad”, comenta.
A más de una década de la constitución de Mármoles Occidente, comenzaron a incursionar en el trabajo con la piedra jaimanita, siendo actualmente el único centro del país que la extrae y procesa.
Su trabajo comienza desde que la piedra bruta llega a la UEB: analiza los metros cúbicos del bloque, la cantidad de producción que da en el telar o en el cortabloques, las características de la piedra… Ese análisis permite determinar si el yacimiento donde se está explotando está en óptimas condiciones.
En ese sentido, refiere lo ocurrido en una cantera de piedra jaimanita que explotaron en Guajaibón. “Estuvimos trabajando ahí un tiempo porque se habían hecho pruebas y parecía ser factible, pero cuando empezamos a recibir los bloques en la industria, estaban malos, se partían, tenían oquedades, mucho fango y el rendimiento era pésimo. Se hicieron los análisis pertinentes y se decidió cerrar el yacimiento… En el poblado de Negrín, muy cerca de Baracoa, tradicionalmente hemos explotado varias áreas; de allí provienen las piedras de jaimanita que trabajamos”.
La UEB Mármoles Occidente cuenta con tecnología italiana y más de 70 trabajadores. En la línea uno, hacen bancos, adoquines, parasoles, losas, pedestales, mesas…; en la dos, cortan los bloques para hacer losas. Producen generalmente para el turismo y entre los clientes se han sumado trabajadores por cuenta propia. También trabajan para obras sociales, como hospitales, por ejemplo.
“Nos hemos distanciado del mármol debido a que las provincias que cuentan con canteras están distantes y se dificulta su traslado. Lo procesamos cuando hay algún pedido en específico; recientemente, trabajamos en un servicio de corte de mármol gris. Ante determinadas solicitudes, si alguna rastra de la empresa tiene que ir a esos territorios, se aprovecha el viaje de retorno y nos envían algún que otro bloque”, especifica.
“En la provincia tenemos capellanía -una piedra ornamental para revestimiento de paredes-, en dos tonalidades. En su momento la trabajamos y tenemos pensado hacerlo de nuevo”, añade.
Por sus años de constante entrega, Elsa ha sido reconocida; no obstante, su mayor orgullo trasciende, incluso, lo profesional. “Mármoles es mi vida. Empecé muy joven y he adquirido una gran experiencia; me gusta lo que hago. Hemos sido siempre un colectivo unido. Ahí he echado mi vida, nació mi hija, que se hizo doctora, pero yo digo también que es una marmolera”.
A sus 60 años, ya retirada y reincorporada, continúa aportando su experiencia al análisis de la producción. Su historia es la de una mujer que siente esta industria como propia. Casi cuatro décadas después, leer en cada bloque sus posibilidades y defectos, y aportar, desde su puesto, a que la piedra encuentre su mejor destino, sigue siendo una de sus mayores gratificaciones. De sus secretos, bien sabe Elsa.



