Tranquilino Sandalio de Noda nació a inicios de septiembre del año 1808, en el Cafetal Waterloo, muy cerca del entonces naciente pueblo de San Marcos, hoy Artemisa. Con seis años comenzó a vivir cerca de Soroa, en las lomas de San José de Manantiales. Influyeron mucho en él su vecino José María Dau y García, licenciado en Medicina y agrimensor, agrónomo y botánico; además de su tío Marcial de Noda, que lo inclinó por los caminos de la ciencia.
En aquel intrincado paraje de la geografía vueltabajera aprendió, sin asistir a una escuela: Gramática castellana y Aritmética, Dibujo lineal, Algebra y Taquigrafía. Hizo trabajos como ebanista e incursionó en la pintura y la escultura.
Aún adolescente, trabajó con la dotación de esclavos de su familia, etapa en la que pudo aprender dialectos africanos: Congo, Mandinga y Carabalí. También aprendió el Catalán y la lengua Maya. Dominó varios idiomas el Inglés, Francés, Portugués, Latín, Italiano, Griego, Hebreo. Como si fuera poco, trabajó en la confección de un diccionario de voces siboneyes. Esto permite afirmar que Noda es uno de los más grandes eruditos y políglotas de la historia de Cuba.
Con el entusiasmo propio de la juventud, aprovechó cada espacio y momentos de esa etapa y amplió sus conocimientos de Geografia, Economía, Biología, Taxidermia, Oratoria, Estadísticas, Filosofía, Matemática e Historia. De forma paralela, trabajó como periodista y escritor de poesía y prosa.
Noda solo tenía 13 años cuando fue ayudante de su tío Marcial en la construcción de un mapa de varias fincas de Consolación del Sur. A los 18 elaboró en tiempo récord, de menos de 24 horas una caracterización del café y su cultivo. Con ese trabajo conmovió el panorama científico cubano al resultar premiado por la Sociedad Económica de Amigos del País, que admitió su ingreso como Miembro de Mérito. Nadie tan joven tuvo antes ni después esa condición. A partir de asumir las sugerencias de Tranquilino en el trabajo premiado, la producción cafetalera en Cuba tuvo serio despegue, a pesar del paso posterior de eventos climatológicos que destruyeron haciendas completas.
En ese tiempo estudió el Sistema Métrico Decimal y demostró las ventajas que resultarían de su implantación. A esto sumó el primer Atlas Hidrográfico de Cuba, al que le adjuntó una decena de mapas de la isla.
Sus estudios sobre la necesidad de desarrollar el trasporte por ferrocarril resultaron determinantes para la construcción de varios tramos de vías en el país, entre ellos, el ubicado entre La Habana y el puerto del Mariel. Cómo explorador incansable fue pionero en el ascenso al Pan de Guajaibón, descubrió la existencia de los peces ciegos en Cuba, cuando investigaba en en una cueva de Guita de Melena. Dejó estudios y escritos que describen en tiempo real la región de Vueltabajo. Noda y Cirilo Villaverde sin los escritores que más aportes han hecho al conocimiento de la geografía, las costumbres y la naturaleza vueltabajera.
De más de 200 escritos consta su bibliografía activa, al menos la que ha podido ser recopilada por los estudiosos de su obra. Se calcula en otros 200 los trabajos escritos por Noda, de los cuales no se conoce su destino. Por ejemplo, el diccionario Congo que terminó de escribir en 1850, con más de 300 vocablos, apareció a mediados del siglo pasado. Lo tenía en su poder el Doctor Charles A. Dzokanga, profesor de la Universidad de Brazzville. Ese material ayudó a completar en 1975 el famoso Vocabulario congo (Lingala – Francais).
De su biografía escribieron, entre otros, Leandro González Alcorta, Emeterio Santovenia Echaide, Adolfo Dollero, Armando Díaz Bravo y José Rafael Lauzán, historiador de San Antonio de los Baños. La obra más completa al respecto es » Tranquilito Sandalio de Noda, el sabio vueltavajero», escrita por Pedro Luís Hernández Pérez, Gerardo Ortega Rodríguez y Jorge Fredy Ramírez Pérez, publicada por la Editorial Científico Técnica en el año 2009.
Sin embargo, se divulga y conoce poco su vida y obra. Baste decir que en Artemisa, tierra natal, solo una tarja gastada y casi invisible, colocada a un costado de la iglesia católica, pretende que lo recordemos. Ninguna institución acá lleva su nombre. Otra tarja tiene en Guanajay. Murió en San Antonio de los Baños, hace 160 años. Sus restos reposan, perdidos y desconocidos en anónimo sepulcro del cementerio viejo de ese pueblo. Mejor se comporta Pinar del Río. Allí, el Museo de Historia Natural y el Tecnológico del Tabaco (Instituto Politécnico Agropecuario) tiene su nombre.
José Martí, no conoció a Tranquilino Sandalio de Noda, a quien califico como el sabio más laborioso de Cuba. Si supo de su brillantez, formación autodidacta, versatilidad, largo alcance intelectual y de la imposibilidad para hacer un doctorado, por no permitírselo a los cubanos las leyes españolas. Ante tamaña injusticia escribió: «La tierra que da Nodas puede pasarse sin doctores».
Razones no le faltaban a Martí. Con Felipe Poey, Noda conformó el dúo de los más grandes científicos cubanos del siglo XXI. Su erudicción y legado requieren divulgación, reconocimiento y una mirada mas agradecida.


