«Puede ser que haya dormido más en el monte y en las cuevas de Vueltabajo, que en su casa». Así afirman personas que conocen a Hilario Carmenate Rodríguez, artista visual, espeleólogo e investigador.
Nació hace 79 años en Barnet, Güira de Melena. Vivió en ese municipio y en Alquízar, bien cerca de Guanímar. Desde la segunda mitad de los años sesenta, luego de graduarse como Instructor de Arte en La Habana, fue a trabajar en la ciudad de Pinar del Río. Compromisos laborales, familia y ciencia, lo mantienen abrazado a esa porción de la geografía occidental.
Es artemiseño de nacimiento, pero pinareño de sentimiento y convicción. Tiene una salud envidiable. En gran parte se debe a la permanente ejercitación a que se somete. A sus 79 años de edad, sube montañas con agilidad asombrosa y es explorador incansable del carso de la región histórica vueltabajera.
Por si fuera poco, con escala en Los Palacios, Candelaria y Artemisa; viaja en días diferentes, en bicicleta, en ida y vuelta desde la ciudad de Pinar del Río hasta la comunidad Los Naranjos, en el artemiseño municipio de Caimito. Allí vive su madre, próxima a cumplir un siglo de vida.
Hasta hace muy poco tiempo el viaje era hasta la capital. En mi único ascenso al Pan de Guajaibón, lo ví subiendo en la punta de vanguardia, a la cabeza de un grupo de jóvenes que en su mayoría no podían seguirle el paso. Acompañado como siempre de tisanas elaboradas a base de moringa, noni, raíz de china, jengibre y cúrcuma.
«Estudié pintura en la Escuela Nacional de Instructores de Arte. Cuando me gradué en 1967 me ubicaron a trabajar en ese tipo de institución en Pinar del Río. Desde mi etapa de estudiante sentí afición por la espeleología y con otros aficionados me presenté al Doctor Antonio Núñez Jiménez, en la Academia de Ciencias. Planteamos nuestras inquietudes y nos dio algunas orientaciones».
«Trabajando en la Escuela de Arte de Pinar formamos un grupo de espeleología en el año 1968. Lo nombramos Guaniguanico. Todavía existe, aunque somos pocos sus miembros activos. Con ese y otros grupos he participado en cientos de expediciones. Me desvela la búsqueda del arte rupestre. Siento profunda necesidad de descubrir y divulgar su existencia en lo más occidental de Cuba».
Cuando se infiere que por dedicarse tanto tiempo a los trabajos arqueológicos y de espeleología, hizo dejación de una exitosa carrera artística y pedagógica, lo niega de inmediato con argumentos convincentes.
«Mi principal aporte como artista visual es develar la existencia del arte rupestre, allí donde no lo han visto otros investigadores. Promover la obra pictórica de nuestros antepasados aborígenes es mi principal obra artística. Fueron nuestros primeros pintores, encontrar arte rupestre y documentarlo no admite espera. Muchas de esas pinturas pasaron inadvertidas para las personas que solo buscaban con marcado interés las evidencias materiales en sitios aborígenes. Al desconocerse, no se protegieron y ya se ven afectadas por el paso del tiempo, los cambios de temperaturas y la propia acción humana. Documentarlas puede ayudar a que se conserven. Todas esas obras contienen un mensaje que dejaron nuestros antepasados. Estudiarlas bien, es una premisa para conocer mejor su cultura».
«Además, de toda mi participación en expediciones, mirando a Vueltabajo por dentro desde sus cuevas, quedan decenas de cuadernos de campo, donde describo en textos y dibujos lo más importante y trascendente encontrado a mi paso. No he dejado de dibujar, haciendo esas y otras ilustraciones para libros».
Aunque por modestia no se reconoce como un maestro de generaciones de espeleólogos, muchos lo reconocen como el descubridor de 30 de los casi 50 sitios con pinturas rupestres notificadas en Pinar del Río y agradecen el magisterio de su pertinencia, consagración y compromiso con el trabajo que realiza. No son pocos los que coinciden en el criterio de que en algún momento Hilario debe hacer un alto en el camino a las cuevas y dedicarse a escribir.
«Tengo un solo libro escrito. Son pensamientos de José Martí, dedicados a la ciencia y a la cultura. Soy coautor de otro volumen y mis dibujos han ilustrado libros de diversos autores. Faltaría el libro de ciencias. Tal vez cuando pase de los 80 años, saque un poco de tiempo para escribir.
«De todas formas, la mayoría de mis Cuadernos de Campo forrman parte de la documentación del Archivo Histórico de Pinar del Río. Aunque el fondo lleva el nombre de Hilario Carmenate, lo doné a esa institución a nombre del grupo espeleológico Guaniguanico. Me han ofrecido negociar con ese fondo, pero prefiero que este accesible a quienes necesiten investigarlo y no en poder de alguien en particular. El contenido de esos cuadernos le pertenece a la ciencia y a los que pretendan buscar información especializada sobre la espeleología en Vueltabajo».
La filial provincial de la Unión de Historiadores de Cuba en Pinar del Río, entregó a Hilario este año el Premio de Investigación històrica Rafael Morales.
«Lo agradezco mucho y de verdad me sorprendió. En esta provincia hay muchos investigadores e historiadores con un trabajo sostenido y meritorio, con un aval de varias publicaciones de sus resultados de investigación. Merecían ese premio. En mi caso, es un reconocimiento colectivo a todo el que de una u otra manera, ha tenido que ver con mi trabajo. Aun cuando pueden hacerse en solitario, los trabajos de espeleología se dan mejor en equipo. Entrañan, solidaridad y compañerismo. Se comparten por tanto, sacrificios, resultados y reconocimientos».
Por estos días, otro motivo tiene Hilario para viajar todos los meses de Pinar a Viñales en bicicleta: poner luz sobre la leyenda del Indio Chico.
«Dos indios chichimecos traídos de México como esclavos, nombrados Grande y Chico, se apalencaron en esta parte de la serranía pinareña. Sabemos que el Grande murió combatiendo cerca de una iglesia semi rural de Viñales. Del Chico no se sabe el destino final. Algunas evidencias sugieren que pudo haber permanecido en esta zona. Encontrarlas servirá para dar crédito a esa hipótesis y en ese camino andamos».
Ojalá conspiren alineadas, voluntad y buena salud, para que pueda continuar Hilario sus exploraciones en las cuevas de Vueltabajo, develando el arte rupestre aún desconocido, el refugio final del Indio Chico y le alcance también el tiempo para dejarnos un libro con la historia de su vida, la de un hombre de ciencias, nacido en Güira de Melena e hijo ilustre de Pinar del Río. .



