Con la certeza de que existen todos los canales pertinentes para halar la cadena, el tercer lunes de febrero de 2026, nos personamos en la estación de la Policía Nacional Revolucionaria, en Artemisa.
Éramos cuatro artemiseñas que teníamos en común el haber sido estafadas a través del WhatsApp de una compañera, a quien horas antes le habían hackeado su cuenta.
Ante su solicitud de enviarle dinero en trasferencia para devolvernos en efectivo, cumplimos a ciegas con la demanda, sin saber que detrás, un estafador se ganaba más de 100 000 pesos, en menos de 20 minutos.
Aunque no teníamos la certeza total de recobrar el dinero transferido, y a pesar de conocer que era un delito común, y que, como nosotras, muchos caen diariamente en esa trampa, tampoco habíamos perdido totalmente la esperanza ni la confianza.
Teníamos un número telefónico, y dos de tarjetas magnéticas usadas en la transacción. Una del Banco de Crédito y Comercio y la otra del Banco Popular de Ahorro. De seguir la traza por las entidades pertinentes esto daría algún indicio, pensamos y quizás, al halar la cadena, podíamos dar con el culpable del tortuoso domingo, que nos hizo amanecer un lunes entre una y otra declaración acerca de los hechos.
Desde entonces, cada semana intercambiábamos con la investigadora del Ministerio del Interior, a cargo del proceso, de cómo iban las investigaciones.
Así conocimos de su solicitud a uno de los bancos en cuestión de información elemental, de la notificación de circular al propietario de una de las tarjetas, hasta que el cuarto lunes de junio de 2026 todo pareció llegar a feliz término Tras otra citación a la PNR nos devolvieron, a tres de las estafadas, el dinero correspondiente, más varias lecciones.
Unos dicen que tuvimos suerte, yo prefiero pensar como primera moraleja, que cada quien hizo lo que tenía que hacer y funcionó el sistema que está creado al efecto.
Denunciamos a tiempo. Ofrecimos datos necesarios. El banco brindó información de manera inmediata. La PNR solicitó a la Fiscalía la localización en Holguín, del dueño de una de las tarjetas usadas en la transacción. La Policía de su provincia lo localizó y puso al tanto de los cargos que se le imputaban en Artemisa. Hubo comunicación entre los órganos pertinentes.
A pesar de que el joven holguinero de 25 años manifestó que a él se le perdió la tarjeta con el pin incluido, este viajó más de 700 kilómetros con los 100 000 pesos, para devolverlos, y quizás por esa respuesta no se le imputen los cargos de estafa.
Manifestó, además, que por las colas del banco en Holguín y las interrupciones eléctricas prolongadas, le había sido imposible cancelar su tarjeta magnética que era de salario…, otra lección que nos queda, siendo imprescindible ese proceder, incluso para quienes salen del país y dejan válido ese documento personalizado.
¿Que si la cadena se haló completa? ¿Que si es o no el holguinero el estafador? Faltan puntos en algunas íes, y aún la cuarta artemiseña que transfirió dinero a otra tarjeta magnética del Banco Popular de Ahorro, espera por elementos que permitan resolver su caso.
Hasta ahora hay eslabones sueltos, pues no se encontró coincidencia, para cerrar por completo un capítulo, del cual quedan muchas enseñanzas, en función de menos estafas.


