Antes de 1959, la avicultura cubana era limitada, doméstica y dependiente en buena medida de importaciones de pollitos y huevos para incubar. Tras el triunfo revolucionario, se creó una base material mucho más amplia: granjas, plantas de incubación, mataderos y otras instalaciones que sentaron las condiciones para una producción industrial.
Bajo la impronta del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, el 22 de mayo de 1964 se creó el Combinado Avícola Nacional (CAN), con el objetivo de integrar las entidades vinculadas con la producción, beneficio, distribución de huevos, carne de ave y de esta forma asegurar alimentación accesible para la población.
Natural del Dagame, asentamiento poblacional perteneciente al municipio de Alquízar, Guillermo Lara Rivero, fue uno de los jóvenes que, al llamado de Fidel ante la necesidad de formar zootecnistas y veterinarios para impulsar la agricultura, dio el paso al frente y se hizo Técnico Medio en la especialidad.
“No me fue difícil elegir. Desde los cinco años estuve vinculado a la avicultura gracias a mi madre, dedicada al oficio de navera”, así nos contó este artemiseño que inició su vida laboral el 27 de enero de 1977 en la granja El Dagame, la misma donde recorría sus pasillos cuando pequeño.
En la granja alquizareña, Guillermo desempeñó varias funciones hasta llegar a dirigir su colectivo de trabajo. Por sus resultados y disciplina fue trasladado al municipio de San Antonio de los Baños, localidad con gran tradición avícola y se mantuvo al frente de varias unidades en el Ariguanabo.
Recuerda con mucho agrado su etapa de 12 años al frente de la agricultura alternativa, una tarea encomendada por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, que le permitió participar en eventos nacionales e internacionales desarrollados en el país. Brindó apoyo y conocimientos en otras provincias y trabajó con los compañeros del Instituto de Investigaciones Avícolas (IIA) en la obtención de la gallina semirrústica.
Fue un gran logro, la idea de Raúl era poblar los patios y tierras del campesinado de la montaña con este tipo de ave. Una alternativa ante la escasez de alimentos necesitados de elementos importados para su producción”.
Casi medio siglo después, Guillermo Lara Rivero se mantiene pegado a lo que ama, con cuatro hijos y tres nietos habla con orgullo de su hijo más pequeño, que decidió seguir sus pasos y cursa el segundo año de Medicina Veterinaria en la Universidad Agraria de La Habana.
Después de su retiro, la dirección de la Empresa Avícola Artemisa decidió aprovechar sus experiencias y lo nombró Representante de la Avicultura en San Antonio.
Orgulloso me cuenta que en sus más de cuatro décadas de trabajo, solo se ausentó por vacaciones y los 25 meses que estuvo fuera del país, al cumplir misión internacionalista en Etiopía.
La avicultura cubana, no escapa de las limitaciones impuestas por el férreo bloqueo norteamericano que impide la llegada de las materias primas y combustibles, para la elaboración y traslado de alimento animal. Sobre el tema Guillermo plantea que: “La avicultura no se puede ver como un objeto. No hay que verla con los ojos, sino con el corazón. Con la cabeza puedes pensar, pero el corazón es el motor impulsor del cuerpo. Tenemos que crear avicultores, hacer que la gente ame la avicultura.
“Tenemos que lograr personal que salga de la base, como salieron los principales jefes de la agricultura, que salieron de las granjas, conocían al detalle la gallina, el pollo. Ese es el primer gran problema que tenemos nosotros, un problema de formación. El conocimiento no se puede improvisar. A la gallina hay que llevarle todo a la jaula los 365 días del año, ese es el ABC de este oficio”.
“Será difícil recuperar aquellos niveles de producción de 118 000 toneladas de carne, de pollo y ceba, además de 2 500 millones de huevos, debemos sembrar soya, maíz, millo, trigo, que son la base de los piensos. Y retomar la avicultura familiar, recuperar los pies de cría.
La avicultura alternativa en Artemisa llegó a promediar casi tres gallinas por habitante. Tenemos problemas, pero la experiencia existe, además de las instalaciones”.
Me despido de Guillermo con un apretón de manos, le brillan los ojos al hablar de una actividad a la que ha dedicado 49 años de su existencia.


