Hay lugares que invitan a mirar hacia adentro. La loma El Taburete, con sus 460 metros de altura sobre el nivel del mar, es uno de ellos.
Allí, donde el aire se vuelve más ligero y la vista se pierde entre montañas, la Fiscalía Provincial de Artemisa ha encontrado hace años un espacio para que cada joven del gremio se encuentre consigo misma/o.
Cada 4 de abril, como un latido que no falla, los fiscales jóvenes y sus compañeros suben hasta la cima. No es una excursión cualquiera. Es una tradición que ya forma parte de la identidad artemiseña.
Esta mañana, el sol aún no terminaba de despuntar cuando el grupo comenzó a ascender. Llevaban sacos, machetes, escobas, pintura y brochas. Antes de cualquier ceremonia, quisieron dejar su huella en forma de limpieza. El gesto, sencillo y concreto, habla de respeto por el lugar y por la memoria que allí habita.
Poco después de las once de la mañana, con la brisa fresca aún pegando en los rostros, se reunieron en un claro. Las banderas —la nacional y la de la organización juvenil que este año cumple 64 años de existencia— flotaron un instante antes de que una voz diera inicio al acto.
Jóvenes fiscales y otros profesionales del órgano firmaron un compromiso de principios y valores éticos: modestia, sensibilidad, austeridad, incorruptibilidad.
El momento más emotivo llegó con el reconocimiento a Dianne Ulloa Reyes, joven que recibió el aplauso de sus compañeros al desempeñarse como la mejor fiscal en el año 2025. Según sus colegas, «quien la conoce sabe que no es casualidad: su dedicación y talento la han convertido en un ejemplo dentro del órgano».
Dos de las presentes dieron un paso más en su trayectoria profesional. Dayana García y Cinthia Pérez recibieron una distinción que las acredita para asumir mayores responsabilidades dentro de la estructura del Estado. Fue un gesto breve, pero cargado de significado: la confianza depositada en los más jóvenes como relevo.
Antes de la foto final —la clásica postal de todo evento que merece ser recordado—, el grupo alzó la voz contra una realidad que les duele: el bloqueo económico que durante más de seis décadas ha complicado la vida cotidiana de los cubanos. La iniciativa fue la expresión sincera de una generación que ha crecido entre carencias y ha aprendido a inventar soluciones.
Las cámaras capturaron rostros jóvenes, en su mayoría. Abajo, la provincia se extendía como una maqueta donde se puede ver todo lo que sucede en tiempo real.
Arriba, justo en el sitio que sirvió de campamento al Che durante la preparación de la guerrilla, la Fiscalía Provincial de Artemisa volvió a demostrar que la tradición anual no es solo un ritual: es un recordatorio de que, incluso en tiempos difíciles, hay quienes eligen mantenerse como la savia y energía creadora de la Cuba de estos tiempos; hay quienes eligen subir la montaña para comprometerse con algo más grande que ellos mismos.

























